Por fin he sacado un poco de tiempo para hacer eso que tanto me apetecía hacer, y que llevo haciendo 12 años consecutivos.
Me he levantado temprano, y me he puesto a escribirle una carta a mi yo de 35 años.
Querida Isabel de 35 años:
Llevamos 12 años “jugando” a ésto de las cartitas, y creo que no ha habido año en el que mi carta no comience por… “este año mi vida ha dado un giro de 360 grados”.
¡Pero es que realmente este año mi vida ha dado un giro de 360 grados!!!
Por primera vez en mucho tiempo me he levantado tempranito un sábado.
A las 8.15 concretamente.
Eso sólo quiere decir (ni más, ni menos) que por primera vez en meses, levantarme y hacer cosas es una opción mejor que simplemente quedarme en la cama.
Lo cual hace que a las 9.22 minutos de un sábado, cuando llevo una hora “pululando” por ahí, me sienta positiva, llena de energía, y con la sensación de que todo va a ir a mejor a partir de ahora.
Besos a todos los que estáis leyendo este post.
Cuando era pequeña, mi padre preparaba un par de tostaditas con una rodaja de pan, y sobrasada. Calentitas, como tapa, antes de comer.
Las dejaba en el tostador, y se hacía el distraido.
Entonces yo salía, de mi escondite super secreto que estaba justo detrás de una columna en la despensa, y me llevaba silenciosamente una tostadita de sobrasada rica (sin que me viera mi papi).
Entonces mi papi miraba el tostador y decía ¿Quién se habrá llevado la tostada de sobrasadaaaa?
En una exagerada pregunta retórica, pues a mi madre no le gustaba, y soy hija única.
Y yo me quedaba calladita y quietecita detrás de la columna.
Entonces le explicaba a mi madre: “Pues le había echado polvos de la risa a la tostadaaa”.
Y entonces a mí me entraba una risilla que intentaba esconder.
Jijijijiji, y desde mi super escondite secreto, no podía pararla.
Hasta que salía con la boca llena, y medio atragantándome con el pan, la sobrasada, y los polvillos de la risa.
Estuvimos jugando a eso un par de años, creo yo. Desde los cuatro, a los seis. Hasta que algún día mi madre dejó de comprar la sobrasada, o ya no tenía tanta gracia el jueguecito.
Yo pensaba que mi madre se acordaba de esa pequeña tradición, de la sobrasada, y los polvos de la risa…. Pero el otro día mientras hablábamos de que había comprado una sobrasada de Mallorca…
- Pues nos hemos hecho unas tostaditas de sobrasada, y le he echado a Jaume polvos de la risa Jijijiji.
Por el “quéeeeeeeeeeeeee??????” que soltó mi madre por teléfono… adivino que ni se acordaba de los polvos, ni de la risa, ni…
Estaba yo, tranquilamente, haciendo cola en la caja del mercadona, y observo que hoy el supermercado está lleno de niños. ¿De dónde ha salido tanto niño?
Pues es que los peques ya están de vacaciones.
Pero… ¿por qué están todos metidos en el mercadona?
Pues están con sus abuelos. Sí. Normalmente los abuelos habituales no hacen mucho ruido, vienen calladitos, pagan, y se van. Pero hoy venían con sus nietos. Uno, dos, tres… y los niños sí que hacen ruido: Se cuelgan del carro, corren por los pasillos, gritan, tiran la litrona, el azúcar…
Cuando ha llegado mi turno, después de un educado saludo “Hola MariPili”
//que es como se llama mi cajera, que me gusta mucho y siempre me pongo en esa cola,
//porque me dice “Hola guapa”, y después mientras pasa los productos me salpica de piropos
//como preciosa, cariño, guapísima, cielo… Es que así dá gusto que te día 25 euros…
//(¡por una bolsa de patatas, los tomates y el atún!)
como comentario ocasional he soltado “Cuántos abuelitos hay hoy, no?”
//He abierto la caja de Pandora irremediablemente.
- Pues sí, y todos con sus nietos. Que cada uno haga lo que quiera, que yo… a mí… que cada uno con su vida… ya sabes… pero… es una vergüenza… es una vergüenza… porque si el abuelo está bien… pues mira… que lidie con el nieto… pero.. es que viene cada abuelo!! que hay algunos que están para que los cuiden a ellos!! Coño! ¡Y encima con el nieto… dando por culo! Que van los pobres detrás de los niños incontrolables… Joer, con los hijos no se paren y punto, y que hay que pensar luego qué hacer con los niños cuando los sueltan del cole… Que si no puedes cuidar a los niños, ¡¡¡no los tengas!!! ¡¡¡Que te cortes los huevos y punto!!!
Échame una firmita por aquí, guapísima. Muchas gracias cielo. Hasta mañana.
- Hasta mañana, MariPili.
Ô_ó
Después de dos meses en el estante de la cocina… ¡Por fín hemos estrenado la donutera!
Aunque tiene todos los papeles del típico cacharro que sacas sólo dos veces al año… pero… dos veces al año que tienes donuts…!!
Para lo que costó (15 eurillos) no está mal el caprichito.
Foticos de nuestros primeros donuts:



Y anoche, tumbada en la cama, con la luz apagada, oía a Jaume respirar profundamente ya dormido.
Notaba su corazón, porque él estaba ligeramente inclinado sobre mí.
Y palpitaba mi propio corazón, latiendo exactamente al mismo tiempo, al mismo ritmo y con la misma intensidad que el suyo. Al par.
Fecha:
Friday 19 June 2009
. Hora:
11:58 pm
Independencia también es limpiar la patata que se pudrió la semana pasada… y no saber cómo hacer que la cocina vuelva a ser habitable.

Estoy aprendiendo catalán.
Porque el catalán abre puertas aqui.
Aunque yo creo que muchas más puertas me abrirá mi malafollá granaina natural… Pero… no dejemos puertas cerradas, por si…
Aprender catalán para mí es una tarea difícil.
Entre otras cosas, porque yo sólo consigo aprender un idioma cuando me planto en un sitio donde sólo hablan en esa lengua, y necesito comunicarme.
Es esa necesidad de comunicación la que hace que me esfuerce hasta que fluye alguna palabrita.
Con el catalán, eso es bien difícil. Precisamente, porque yo intento hablarlo, pero al mínimo “atranque” o suelto la palabra en castellano, o la gente, muy simpática, me repite la frase en mi mothertongue.
Porque para crear esa comunicación no hace falta hablar catalán.
Aún así, yo sé que la única forma de aprender un idioma es hablándolo. Y hablándolo. Y hablándolo.
Lo sé, porque el catalán es mi sexto idioma (por lo menos el quinto que intento aprender).

Yo sé que mi esfuerzo casi heróico por decir algo en un idioma en el que no se casi ni conjugar verbos, ni tengo apenas vocabulario, en el que el acento es imperdonable… puede ocasionar oleadas de risa incontenible.
Vamos, que los barceloneses (no todos) se despollan.
Y a mí, lo que realmente me hace gracia, es que sé que alguien que oye hablar mal a un guiri y se ríe, es porque en su vida ha intentado aprender otro idioma.
Y lo peor es que nunca sabrán el placer ampliar el dominio de obras que puedes leer/escuchar en versión original. De aprender otras culturas. De poder comunicarte con más gente.
Y probablemente nunca lo sabrán.
No, ellos… sólo conocen el placer de descojonarse con mi catalán con acentillo granaino.

No tengo ni la más remota idea de por qué últimamente, en cuanto me meto en la cama, mi cerebro empieza a trabajar rapidamente. Como si me hubiera tomado varios cafés media hora antes, o muchas semillas de guaraná.
El caso es que aquí estoy, después de haberme terminado las últimas 100 páginas de un libro que he leido casi de un tirón tres noches seguidas. Después de haber dado doscientas vueltas en la cama. Después de haberme despertado a las 9.30 (y ayer me acosté a las 2.30!)
No sé qué me inquieta. O qué me tiene nerviosa.
Quizás sea que en tres días me toca hacer la mudanza, y aún me resisto a la idea. O que aún no sé muy bien cómo me voy a adaptar a mi nueva ciudad. O si todo va a salir bien y mi máster (en el que me voy a gastar prácticamente mis ahorros de los dos últimos años) va a aportarme todo lo que espero…

Pero ahora sólo estaba pensando en el viaje de vuelta desde Oxford hasta Granada.
Cómo llegué cinco horas antes al aeropuerto. Con un billete de cien libras esterlinas (la fianza que había pagado al llegar a la residencia), con hambre, y sin conseguir que nadie me dejara pagar con él.
Cómo tuve que esperar casi tres horas hasta que abrieron el mostrador de facturación.

Cómo el srto. azafato de EasyJet me decía que iba con un kilo y medio de más en la maleta, y que además no podía viajar con dos bultos de mano. Y yo le explicaba que mis dos bultos de mano cabían ambos juntos en la cosa que servía para medir si el equipaje de mano era suficientemente grande. Y él insistía en que sólo podía ser uno. Y yo le decía que si cogiera una bolsa de basura grande, y metiera mis dos maletitas, sería sólo un bulto y cabría en la cosa. Y él, inflexible, me volvía a repetir que sólo podía subir un bulto.
Así que intenté meter todas las cosas que había en uno de las bolsas en la maleta grande (aunque ya tenía sobrepeso), y al intenterlo rompí la cremallera de la maleta, y el bolsillo no se podía cerrar.
Así que tuve que plastificarla entera, pero sin querer dejé demasiadas cosas dentro, así que cuando volví a pesar la maleta, ésta pesaba tres kilos y medio más. Y además tuve que facturar una mochila completamente vacía (saqué la cámara de fotos, y la puse en el bolso) -700 gr.- y por ello me cobraron otras dieciséis libras.
Pensándolo detenidamente (ideas de Jaume) podría haber plastificado mis dos bolsas de mano juntas, y no tener que facturar.
O plastificar la mochila junto a la maleta, y que no fueran dos bultos diferentes.
Pero no, yo rompí la cremallera, pagué la plastificación, pagué el sobrepeso, y pagué facturar otra maleta más.
Eso sí, cuando fui a pagar las 25 libras esterlinas que me costó la bromilla, allí estaba con mi billete de 100 libras que nadie quiería cambiar. Y la muchacha preguntándome que si no tenía uno más pequeño (ja ja ja!) o que si podía cambiar el billete en otro sitio antes de pagar (ja ja ja!).
Con la malafollá granaina hablando inglés se topó.
Porque cuando preguntó “No tienes un billete más pequeño?” Contesté un sequísimo “No!“.
Y luego dijo “No tengo cambio“.
(¿Y?)
Así que le contesté, con toda la ira que había estado conteniendo mientras hablaba con el inútil del mostrador. “Tengo que pagar, tengo dinero, tú no quieres el dinero, pues si quieres no te lo pago“.
Me preguntó también que sí tenía tarjeta de crédito (quizás mi inglés no es muy bueno, pero… ) y volví a contestarle “No, tengo 100 libras“.
Incluso me preguntó que si podía cambiarlo en otro sitio, a lo que le contesté (qué maleducada!) “Yo tengo dinero, eres tú la que no tienes cambio, es tu problema y no el mío“.
Así que la chica se levantó de su asiento, y se dio una vueltecita por el aeropuerto para buscar cambio.

Pasé por la check door unas dos horas antes de que saliera el vuelo, pero con la vuelta de las 100 libras me pude comprar un muffin de cada sabor (cinco difentes), una lasaña vegetariana, una cocacola, y un café.
Y al final, es sólo una tontería.
Como todas las demás tonterías que nos pasan todos los días.
Como todas las tonterías que cuando descubro que lo son me prometo a mí misma no volver a preocuparme por ellas.
Pero lo cierto es que siempre vuelvo a ahogarme en medio vaso de agua.
Como ahora, que el hecho de empezar una nueva etapa de mi vida, me quita el sueño.
… escuchando a una chilena decir 5 tacos en una frase de 10 palabras.
Por cierto, qué ridícula queda la gente mirando a través de un cristal de espejo.
Se acercan y se ponen las manos a ambas lados de la cabeza y entrecierran los ojillos…
Aburrida mientras se termina de descargar el capítulo 15 de Scrubs.
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