Las siestas no son lo mismo sin tí, Ana Rosa
Anoche no conseguía dormirme. Frío, frio, frio, frio…. (Y no es un juego…)
Me acosté más tarde de las 12, y casi hasta las dos no conseguí conciliar el sueño, que ha sido débil y quebradizo.
Me tuve que envolver en una manta suavecita que tengo de cuando era chiquitita. Una manta de cuna, que me trae la tranquilidad de mis jóvenes noches, y así conseguí pejar el ojo, un poquitito.
Cuando he terminado de comer, me he echado un ratito en el sofá. Ahora es el momento. Con la mesa camilla y el braserito, dormir va a ser un placer, ¡Morfeo, allá voy!
Yo recuerdo que mis siestas, con Ana Rosa hablando de un tema que ni me iba ni me venía, como los cuernos de la lesbiana de Gran Hermano, o el inminente embarazo de la exmujer de Dinio, me hacían caer en un placentero sueño. Es más, me sentía bien durmiendo, y escapándome del mundo del corazón. Es como una feliz huida de lo que el momento significaba.
Pero ahora Ana Rosa no está, y es la primera vez que realmente la he echado de menos. He puesto Canal +, y era demasiado interesante, hasta que un espantoso ruido “fuifuifuiiiiifiiiiifuuuufiiiiiii” me ha desvelado para siempre.
Indignada no he tenido más remedio que tomarme un gran café (es lo único bueno que tiene el mundo cuando todo te da la espalda), y ponerme a escribir esta gilipollez de post…..
Aprovechando la ocasión (y que no tengo ganas de ponerme con Cálculo), os quería contar la (ya famosa) historia de mis abuelos y los cojonudos. (Álvar la supo el mismo día 24)
Resulta que el día 24 (antes) siempre comíamos choto. Mi abuela nos hacía un delicioso choto al horno, y estas navidades, como sólo nos reuníamos cinco, preferimos que no se diera esa panzá de cocinar, así que mi madre propuso que mi padre hiciera alguna cosa, ella hacía otra, y yo, si era capaz de manejar de alguna forma mis manos de trapo para la cocina, que “algo”.
Es una situación…. especial. Tienes una gran responsabilidad ante tí. Tienes que hacer algo, para Nochebuena, ese día tan especial en el que toda la familia se reune, y cena, y habla, y se lo pasa bien. Ese momento tan íntimo.
Y se tienen que comer tu comida.
Pensé en lo que había probado hacía poco, a ver… un bocadillo? Migas? comida china? Nada me convencía. Así que recurrí a la cena (la última cena), famosa por el “chungo” que le dió a mi ojo, por loa cena, y por cuatro horas de extendida del retorno del rey.
Vale, la cena estuvo bien, pero la verdad, soy una inútil, ni se me hubiera ocurrido intentar hacer algo que se pareciera a la pasta, o a la tortilla. Así que me acordé de los cojonudos, que eran facilitos de hacer, y estaban bastante buenos….
Mi madre me pregunta, “Tutty, y tú que vas a hacer para nochebuena?” – “Cojonudos, mami”- “Muuuuy bien, cariño, así me gusta, que aprendas cosas finitas…”- “si, mami”-
Compré los ingredientes (no os voy a destripar la receta, porque es copiada, si quiere Álvar que os la dé) , y pensé, el mío es el primer plato que va a salir, que si no, no va a lucir, después de las gambas de mi padre y los chopis de mi madre…
Pues hice cinco, uno para cada uno (mis abus, mis papis, et moi), el de mi madre sin queso.
Y mi abuela, lo probó.. y dijo… “pues a mí me ha gustado”, y se comió el de mi padre. (Además de el suyo). Así que… le tuve que hacer otro a mi padre. De camino le hice otro a mi abuelo, que también le había gustado.
Pero de esos dos nuevos, mi abuela se comió otro, y le dejó el otro a mi padre.
Así que… (un poquito harta), me metí en la cocina he hice una bandeja entera (perdí la cuenta), de los cuales, mi abuela se hincó uno más, mi abuelo otros tres, dos mi madre (sin queso), otros cuantos mi padre, y uno más yo.
Vale, terminamos empachadisimos de cojonudos, y luego no había forma de comerse nada más.
Total, que sobraron gambas, y chopitos sin concha (especialidad de mi madre).
Mi familia es que es muy chunga, muy chunga, y mientras el resot de España comía pavo, nosotros comíamos cojonudos!!!!
