La depravada máquina de kitkat asesinos.
Esta mañana tenía examen de prácticas de SOII.
Ha sido uno de esos inesperados días, en los cuales, en cuanto pones un pie en el suelo al levantarte de la cama, vienen a tí una serie de catastróficas desdichas.
Primero, me he ido deprisisima de casa, y apenas me ha dado tiempo de terminar mi ritual de aseado-peinado-vestido-desayunado. Me he tomado un café acuoso, demasiado templado. Y no he desayunado. Se me han olvidado las fotocopias de dos de las prácticas que tenía hoy, y nada más poner un pie en la facultad me ha dado un bajón de azúcar.
No recordaba si al examen había que llevar disquetes (siempre que hay que llevarlos, nuuuunca llevo!) y tenía que meter todavía los archivos de las prácticas en la cuenta de la escuela.
Aunque turing me aceptaba perfectamente, vía ftp, no conseguía tragarse mis archivos, que pacientemente he arrastrado una y otra vez. Así que los he mandado al correo, y me he ido a libre acceso. He pillado dos ordenadores, y ninguno conseguía arrancar, y a la tercera, por fín he podido esperar media hora a que el windows 95 me dejara rescatar mis prácticas.
En ese momento es cuando he visto que sí que se había subido los archivillos, y había perdido otra preciosa media hora.
He ido a la fotocopiadora, y me he gastado 5 euracos en 10 disquetes (que por cierto, luego no hacían falta), y para arreglar el bajón de azúcar me he comprado un kitkat.
Ahí es cuando yo he pensado que mi suerte me había perdonado.
Meto un euro, pulso 31 (el número del kitkat), y oigo plom plom plom quiticlín. Los tres primeros ploms eran tres paquetes de kitkat (dos de regalo) con los que la máquina me ha obsequiado. Y el quiticlin ha sido la vuelta (20 ctmos) de mi euro.
Me he comido un kitkat. Antes de examen.
Y ha sido cuando me he dado cuenta, que esa máquina no podía ser buena, y lo que hacía es rechazar kitkat de raza inferior. Ha llegado al estómago en forma de piedra empachosa (seguro), y me ha empezado a dar la lata en medio del ejercicio de práctica. (por cierto, menos mal que un paquetito se lo he regalado a JR, que ha compartido conmigo el sufrimiento)
Cuando he terminado, he decidido comerme el otro (entre MC, y SBD), y ha sido el remate.
Ocho barritas de kitkat haciéndose fuerte en mi pobre estómago. Eran como ocho barritas scout sobreviviendo a mi bilis para no ser absorbidas por mi tracto digestivo.
Por suerte mi barrita con superpoderes All-Bran ha podido con ellas, las ha derrotado, y las ha desplazado de su “atrancada” posición. ¡Fuera villanas!