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may

13

Porque yo lo valgo…

By Tutty

Esta tarde he ido a la pelu. No suelo ir mucho, así que siempre me llevo sorpresas.

He llegado a las 4:35 (abren a las 4:30 en estos días que hay un montón de bodas y comuniones, y todo el mundo quiere estar radiante), y ya había veinticinco señoras dentro.
¡¡¡ Veinticinco !!!
Así que me han dado un papelillo con un número (como en el chóped) y me he sentado a esperar. Y esperar, y esperar, y esperar, mientras veía como un montón de señoras llegaban después de mí, conocían a la dueña por su nombre, le preguntaban por su hija, por su nieto, y por la madre que la parió, y le decían… “anda, cógeme prontico” (¿¿Entonces para qué estarán los números??, mejor sería : tú que eres más guapa y conozco a tu abuela, entra ya al lavabo)

A la peluquería a la que he ido, sólo iban señoras mayores. La más joven después de mí tendría unos treinta y cinco, y la edad crecía hasta las señoras de 80 que querían un cardado con los pocos pelos que les quedan.
Y curiosamente todas se conocen entre sí, se preguntan por la familia, y les da alegría verse de nuevo por allí….
(Sería que se conocía de estar todos los viernes una hora y media esperando en la puerta a que abrieran.)

El caso es que mientras esperaba (mientras se espera siempre se piensan miles de tonterías) he ido observando con detalle el local.

Lo primero es que todas las paredes tenían colgados posters de chicas super sexys, con unos peinados super fashion, azules, rojos, amarillos y verdes. Peinados que seguramente nadie, excepto su creador, sería capaz de repetir, claro que tampoco suelo ver a gente con esos pelos por la calle…

Lo siguiente que he observado son los carritos que ruedan por la peluquería. Tienen un montón de cajones, que tienen un montón de departamentitos, y allí está todo. Lo que se dice todo.
Desde un montón de frasquitos, rulos de diferentes tamaños, peinetas, peines, cepillos, pinzas, horquillas, hasta papel de plata… increible!
Seguro que ni ellas saben para qué se utilizan la mitad de las cosas.

Otra cosa que me ha flipado es la habilidad manual de las peluqueras para manejar todo tipo de instrumentos, que si un peine que tiene un pincho en el extremo con el que van separando el pelo, que si el rulo con una gomilla que ponen con una soltura intachable, el papel plata y cómo van aplicando el tinte o las mechas, vamos… ni las chicas que envuelven los regalos en el Corte Inglés!!!
Coge-peine, separa-pelo, pon-papel, coge-brocha, moja-brocha, aplica-tinte, envuelve-pelo, y vuelta a empezar, en un segundo y medio.

Por fin me ha tocado el turno.
Las peluquerías son como las sectas, usan la misma técnica: primero te ponen al nivel del betún, te sacan todos tus defectos, te dicen lo mal que tienes todo, y luego te dan cariño, amor y comprensión. Te convencen de que son muy buenos y de que te van a solucionar la vida. Así que cuando al final te dejan “bien” parece que es tu peluquera es la mejor profesional del mundo, y que ha hecho un milagro con tus inmundos pelos.

“Tienes el pelo un poco encrespado, parece un estropajo. Además lo tienes muy seco, y electrificado” (Coones! Llevo toda mi vida sin saber esas cosas de mi pelo!)
Pero esto tiene truco, porque acto seguido te suelta la tía: “Mira, precisamente (qué casualidad, precisamente!) hemos recibido (justo ahora, qué cosas!) un producto para tu tipo de cabello, que es buenísimo” (Vamos que coge mi estropajo, y lo deja como un trocito de seda)
-”No, gracias, déjalo”- Porque una vez dije que sí y me pusieron un champú que me cosó 15 leuros más por la aplicación…¿¿Qué cñ tiene ese champú??

Y vuelve a la carga: “¿No quieres cortarte las puntas? Las tienes ya muy estropeadas”.
Para esa pregunta también me tengo ensayada la respuesta “No, gracias, dentro de poco me voy a cortar el pelo, y cambiar de look, así que no me vale la pena…”

Y conforme te está secando te dice: “Tienes unos pelitos más cortos por aquí, te han dado un trasquilón, creo”. Eso quiere decir “si no se queda bien del todo es culpa del que te cortó el pelo en su momento, que seguro que no fuimos nosotros, así que no vayas más a la competencia..”

Y ya, para rematar, en su penúltimo intento… “Tienes el flequillo muy largo ya, ¿quieres que lo corte un poco?”
Yo ya sé que si corta uno, un solo pelo, el hecho de coger la tijera, son cuatro euros más. Es como cortar las puntas, que puede cortarte dos puntas, y te clava mil cucas”
“No… es que me lo estoy dejando largo… para ver si lo consigo pillar con la coleta”

Ya sólo te intenta echar laca (por eso no te cobran, pero de todos modos yo digo que no, que se me queda mu’ tieeesooo el pelo), y venderte un producto hidralisofashion de lococomen, que va a hacer que tu pelo se quede siempre así de bien, sin venir más a la peluqueria – todos sabemos que es mentira, porque si no.. ¿te lo iban a vender ellos?-

Por si acaso, antes de levantarte te preguntan.. “¿te gusta?” (Yo no he oido a nadie decir que no, así que debe ser como una pregunta retórica) -Sí, si, muchisimo-

Pagas y te vas.

Y de camino a casa, sentía el pelo ligero, lacio, perfecto. He pensado (incluso) podría ganar en ese momento el premio “pelo Pantene Pro V”, que la gente se giraba y me miraba.
¡¡¡ Tengo una aureola dorada a mi alrededor !!!
La gente seguro que pensaba “como mola el pelo de tutty”.

En realidad no era así, porque en cuanto he llegado a casa, mi madre ha dicho “Hija, tus pelos no tienen arreglo” (y me he caido de la nube…)

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