¡Maaami! ¡Veeen!
Esto es un llamamiento desesperado a mi madre.
Tan sólo hace tres días que convivo con mi padre, y ya me empiezo a preguntar que tiene de bueno esto de la “independencia”.
Además de que estoy sola todo el día, algo que al principio parecía incluso bueno, ahora me agobia un poco, he descubierto que no tener lavavajillas es un atraso, y que los platos no desechables es otro. Si tenemos servilletas de papel, ¿por qué no vasos y platos de plástico?
Entre toda la suciedad que se acumula en la cocina, se ve el suelo, pero sólo si frotas un poco con el pie, y además, si friego es peor. ¡¡Que sí, que sí!! Que ayer intenté fregar un poco el comedor y se me quedaron unos manchurrones horrorosos.
Eso sí, mi padre hace lo que puede: me indica desde el sofá, “Eso es que el agua no está limpia”, “¿le has echado amoniaco?”
Además, estamos aprendiendo tácticas como “No hacer la cama, si total, hay que deshacerla”, “No quitar el mantel, si total, hay que ponerlo”, “No coger más de un plato para cada comida, total, ahí-en-un-rinconcito-te-pongo-el-huevo-y-las-patatas-y-así-no-hay-que-fregar-más”
Los muebles, claro, tienen un dedo de polvo, y las mijitillas que se nos caen al comer, están invadiendo el suelo del comedor.
Eso sí, yo sé planchar, pero eso no me sirve de mucho, porque NO sé poner la lavadora (creo que él tampoco).
Así que, de repente, todas esas prisas por independizarme se han disipado, yo creo que me voy a quedar aquí hasta los treintaytantos, pa’ que mi mami me cuide.
Hoy no os pongo fotillo, que me da vergüenza de que veáis mi casa en este estado tan lamentable…