Utilidades del bidé
Mi prima lo pasó mal con su suegra y el bidé (parece el título de una película de Alfredo Landa). Se estaba haciendo una casita a las afueras de Granada, para casarse y ser una familia feliz, cuando descubrió que “el mito de la suegra” era auténtico.
La madre de su futuro marido llegó un día a “revisar” la casa, para que todo estuviera correctamente (se sobreentiende que ella pensaba que mi prima -llamémosla Sil- con sus treinta años no era capaz de hacer nada bien, y menos su hijo, que no haría la O con un canuto…)
Le parecieron bien las habitaciones destinadas a la cocina, despensa, dormitorio… le gustó el comedor, las vistas, la ubicación de las ventanas, la orientación, la huerta… Hasta que llegó al cuarto de baño, y vió el bidé. -”Ese bidé no está bien puesto”- ¿Cómo se pone bien un bidé? Mi prima estaba en la duda de si poner eso en su casa, porque total, tampoco nunca lo había usado. Una vez que decidió ponerlo, no sabía siquiera que se ¡podía poner mal!
Así que pacientemente (antes de la boda no te puedes pelear con tu suegra, que queda feo… ) le preguntó a la mujer que por qué estaba mal puesto. Con toda la lógica, la señora contestó “Porque está pegado a la pared”
Analicemos la respuesta. ¿Alguien tiene un bidé en medio del cuarto de baño? ¿O un sanitario? No, ¡porque necesita una tubería!
Sil, por supuesto, no lo había entendio.
La suegra se refería a que un lateral del bidé no podía estar pegada a la pared, porque entonces “no se podía meter la pierna”.
Debe ser tradición de familia, porque desde tiempo inmemoriales las mujeres de mi árbol genealogico se han sentado en el bidé “al revés”, es decir, con la misma postura del wáter. Y yo no sabía que esto “no estaba bien” hasta que mi prima me lo dijo.
Así que su suegra se empeñó (es a las madres políticas hay que hacerles de comer aparte) en que el bidé no podía ir ahí, y le hizo levantar el suelo, y mover el bidé 20 centímetros, con sus consiguientes gastos, para que “estuviera bien puesto” (manda huevos!).
Varios años después, en una fiestecilla, con dos copas de más, Sil despotricaba: “No he usado nunca el puñetero bidé, todavía no, la guarraaa de mi suegra, que no se duchará y ella sí que lo usa… Ni una vez me he puesto ni pa’ lante, ni pa’ trás. Porque yo me ducho, si quiero lavarme, me ducho entera, y si quiero refrescarme también. Digo, cincuentamilpelas me costó mover el piiiiiii bidé. ”
A mí, personalmente, no me hace ninguna gracia, y seguramente no lo echaría de menos en mi casa, pero como en todo hay detractores y defensores.
Todo esto me llevó a una reflexión sobre la utilidad del bidé.
Yo he usado el bidé para…..
- Para bañar a los hamsters.
- Para poner en remojo alguna ropa, o alguna zapatilla.
- Para darle agua al perro de mi primo (que no la cogiera del wáter)
- Como cenicero gigante (mientras haces tus necesidades vas dejando ahí la ceniza y luego le das al grifo y se auto-lava!)
- Para que se siente alguien para darte conversación (eso lo hacía en el piso de la playa, con mis primas, que teníamos que entrar las tres a la vez siempre…)
- Para lavarte los pies, después de un día muy duro.
- …..
¿Y tú, para que usas el bidé?
Nota: ¿Era yo la única en este mundo que no sabía que existía un “Windows Longhorn”? Es que vamos, que no “tenía ni idea” es poco. (Ehh! ehh!! pero tengo la suse 9.3… )
¿Y por qué el windows longhorn tiene un ñu de logo? -Qué cachondones son!-
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