Coches con historia III
Yo llevo dos años (casi) sin coger mi coche, básicamente lo cogí el día que aprobé. Mis padres dijeron: “Pues ya tiene la tarjetita rosa”, y acordaron que no servía de nada que yo practicara de nuevo.
Os quería decir eso, porque ayer Ana me hizo un comentario. Su padre había dicho algo así como… “Va a hacer la crónica del coche, ahora?”
Y por mucho que yo haya comentado sobre el coche de Ana, nunca lo hice con mala intención. Más quisiera tener yo el Ibiza rojo que el que tengo (0).
Pero el caso es que realmente ayer me subí en el coche más famoso del mundo, después de Kitt, y del Batmóvil. Y del Papamóvil. Y del… bueeeeno… yaaaa!
No iba a hacer una crónica sobre la experiencia que viví (lo prometo), que por cierto no fue ni mucho menos mala. ¡Ana conduce muy bien, y el coche anda! (Incluso alcanza los 100 en la autovía!)
Pero nos pasó algo curioso en un semáforo. Tan listas y espabiladas que somos.
Audi
Nos paramos en un semáforo en rojo (uno de los que hay frente a trauma, que tardan millones de años en ponerse en verde), y teníamos un hombre al lado, que intentaba comunicarse con nosotras.
Cuando van dos chicas jóvenes en un coche, y un tío (de más de cuarenta) te intenta decir algo, la reacción más evidente es pasar del gañán, que seguro que es un viejo verde.
Pero el hombre insistía, e insistía, y hacía gestos para que bajaramos la ventanilla (ese gesto es dar vueltas a un puño, a pesar de que la mayoría de los coches ya traen elevalunas eléctrico. Un movimiento arcaico sin duda, pero pulsar un botón invisible con un dedo es mucho menos intuitivo…)
Al final le hicimos caso.
- “Oid, perdonad, es que llevais las ruedas por el suelo”
Ana pensó ¿por eso me hacían ráfagas antes, al salir del cine? ¿Porque llevo pinchadas las ruedas?
Y Tutty pensó uyyy!! esto ya me lo ha contado Jose… que en Estepona también les pincharon a ellos las ruedas…
Y el gachón sigue: “¡¡¡Pero teneis las doooossss!!! ¡¡Las dos ruedaaaas!! ¡¡Esta y aquella!!”
(La de delante y la detrás)
Ana ya iba pensando en lo que le iba a costar cambiar las ruedas, y se estaba acojonando.
Yo pensé en… siento haber pensado taaan mal, pero pensé que alguien se había vengado (o algo así)
Y también pensé que el coche de Ana era gafe.
Cuando llevábamos un minuto ya.. diciendo “Pues paramos allí”, y dándole las gracias al hombre, justo antes de que se pusiera el semáforo en verde (le debimos de dar pena) y nos dice… “Si, pero yo también llevo las ruedas por el suelo, ¿no? Todas las ruedas van por el suelo…”
A mí no me hizo ni p… gracia. No sonreí. El semáforo se puso en verde, y Ana y yo nos quedamos conmocionadas. Tiesas. Nunca pensé que un malvado hombre podría tomarnos el pelo así.
Únicas, somos únicas.
¡Qué poca vergüenza tiene la gente!
Luego ya no podía parar de reir.
