Nuestra primera vez I
Hace algunos días me quejaba porque agosto era un mes aburrido.
Sí. Es un mes en el que incluso estudio.
Sin embargo llevo cuarenta y ocho horas sin parar.
Pensaba contaros todo lo que he hecho en los últimos dos días en un post larguísimo, que seguramente os tragaríais sin parar, y que cuando terminárais de leer tendríais los ojos rojísimos y llorosos.
Pero prefiero hacerlo varias partes.
Y es que estos dos días han dado mucho de sí.
Llevaba mucho tiempo sin ver a un amigo, y no podía dejar pasar más tiempo…
Aprovechando que estos quince días de agosto mis padres se fueron de veraneo dejándome sin su control autoritario, decidí invitarlo.
Me encantan las personas que más que apuntarse, no se borran.
El martes le dije… “vente el jueves”, y dijo… “vale”. Y aquí se plantó.
Como la última vez que nos metimos entre olivos para ver Perseidas no vimos ni una, ni sabíamos distinguir el carro de Casiopea, decidimos que el jueves estaría organizar una observación para aprender cositas básicas (es que yo ya sabía que J era un profe genial).
Ahora que me acuerdo, tengo que pedirle perdón (otra vez) a Nauj, que con la tontería al final no pude llamarlo, y lo dejé un poquitín colgadillo (él quería venir…)
Llegó a Granada sobre las 7 de la tarde (después de dos horas de coche).
No sé como lo hacemos, que desde el primer día que conocí al rubio cada una de las veces que lo he visto, siempre hemos tenido unas ganas increibles de andar… Pasear y hablar.
Estuvimos toda la tarde dando vueltas por ahí, hasta que llegó la hora de recoger a Tresky en su casita (que por cierto, llegamos media hora tarde) y nos escapamos en busca de la oscuridad.
Parecía que lo teníamos todo preparado, una buena lista:
- Telescopio (ok)
- Planisferio (ok)
- Linterna con celofán rojo (qué erótico) (ok)
- Carticas de objetos celestes… (ok)
- Pan bimbo (ok)
- Mortadela y salchichón. (ok)
Ya montados en el coche, en pleno Camino de Ronda, nos preguntamos los unos a los otros… pero… ¿dónde vamos?
No ves, ya se nos estaba olvidando algo… bueeeno… tú tira… pa’rriba pa’rriba y ya encontraremos algún sitio.
Subimos, subimos, subimos, subimos, y ni un sitio oscuro…
¡Qué increible! ¿Y ahora por donde? , No, más lejos no, que luego no sabemos volver… ¿Dónde estamos? Mira, ¿te convence este sitio? No, pero, nos quedamos aquí. Venga….
Y nos plantamos con el coche, en medio de un polígono industrial, en diossabedonde. Cualquier llanito de tierra nos valía. Con unos farolones gordísimos.
(Toda la mañana para buscar papel celofán rojo para forrar la linterna… pa’ esto…)
Salimos del coche rezando: que se vea alguna estrella, que se vea alguna estrella.. Miramos al cielo… o_O ¡Luna llena!
Pues sí, poca estrella vamos a ver hoy.
Como de todos modos Tresky y yo teníamos muchisima ilusión con todo esto, nos quedamos allí..
Poquito, poquito veíamos, pero sí lo suficiente. De
primeras no estuvo mal y salimos satisfechas… Mira, sigue el mango del carro, ésa es Arturo, del Boyero… (Mira, Eli, es boyero, como nosotras… xDD)
Ahí está la Estrella Polar (ohhh…) y mira, ¿ves Casiopea? Ahora tiene forma de tres…
Casi en el cénit está Lira, ¡mira, esa es Vega!, ¿ves ahora esas tres estrellas, y esas tres? Es el Cisne…
¿Y aquella que es como rojiza, y parpadea? Esa es Antares, de Escorpio, la que rivaliza en brillo con Ares (Marte).
Esa noche también tocó un poco de mitología. Una explicación sobre los agujeros negros, y otra sobre el increible timo de los horóscopos (¿Qué pasa con los pobres que nacieron bajo el signo de Ofiuco (Ophiuchus)? ¿Que es muy feo el nombre? ¿Acaso Géminis o Aries son mejores?)
Eli y yo escuchábamos atónitas, con la boca abierta. Nos parecía mentira, ¡habíamos encontrado al hombre de nuestros sueños! ¡Alguien que sabe de astronomía y no es astrofísico….! (Es que somos muy exigentes). J, ¿quieres compartir el resto de tu vida con dos lapianas?
Después de eso vino el show del intento de montaje del telescopio… La cena (Tutty, ¿quieres mortadela? No, es que a mí las cosas rosas no me gustan… ¬¬)
A pesar de que la luna estaba llena, quisimos observarla (casi nos quedamos ciegos…)
Para terminar, os contaré que para que mi novia lapiana me prometiera volver a ver las estrellas conmigo, le dí una sorpresa al día siguiente… (pero eso ya os lo contará ella…)