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oct

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Largo domingo de… octubre

By Tutty

El estudio y comprensión del pasado nos permite construir en el presente el edificio que nos albergará en el futuro. Fauno (Antonio G. Vargas)

Comida en el campo.
Hay pocas cosas en este mundo que te hagan tan feliz como que un par de amigos tuyos te sigan las locuras.
Yo soy de ésas. La típica amiga a la que se le va un poco la pinza, y propone, y propone, y propone, tú puedes ser el típico amigo que pasa, pasa y pasa de hacer todas las tonterías que se me ocurren (lo que suele ser frecuente), o puedes ser Eli o Juan.

No me digas que eres de esos que se quedan todos los domingos comiendo en casa y se ven la película de A3 de sobremesa sobre la hija adolescente que descubre que su vecino es un asesino en serie.
Pues yo no: allá a donde haya un plan, Tutty se apunta.

Comiendo en el triunfoEl sábado se me ocurrió que sería una buena idea comer en el campo,llevarnos unas toallas, el bocadillo, los zumos, la cámara de fotos, y disfrutar un poquito de la vida. Eso, combinado con una buena compañía es un plan inmejorable!
Lo suyo (indudablemente) hubiera sido tener coche y poder salir de Granada. Aunque nosotros nos hubiéramos conformado con que los jardines del campus de fuentenueva hubieran estado abiertos, o que nos hubieran dejado sentarnos en el césped del parquecillo que hay encima de los comedores.
Pero no, terminamos en el Triunfo, junto a uno de esos… “rios” tan naturales (y tan bonitos), comiendo un bocadillo.
No pasa nada: -Cerrad los ojos – dijo Juan – imaginad que estamos junto al nacimiento de un rio, que de fondo hay una cascada.
-Y que eso- añadió Eli -es un oso.

Después de comer (tan domingueros que íbamos) jugamos cuatro partiditas al mentiroso. Declaramos a Juan mentiroso de oro!

Un pendiente de compromiso.
Eli y Tutty cerca de Bib-RamblaDespués de comer fuimos al mercado medieval (a ver si encontrábamos otra vez a Pérez Reverte ;-P), donde convencí (un poco a Eli) para comprarnos un par de pendientes, uno para cada una.
Después de muuuucha indecisión, de pedirle consejo a Juan, al hombre del puestecillo de pendientes (y si por Eli hubiera sido a todo el que pasaba por la calle) nos decidimos se decidió por uno color vino.
Desde entonces, yo en la oreja derecha y ella en la izquierda, ¡lucimos nuestro pendiente de compromiso!.

En la tetería.
juan y el teteteria Como nos quedaban un par de horas hasta nuestra partida de Tabú dominical, decidimos subir por la callejuela perpendicular a calle Elvira (que no sé como se llama) y entrar en una tetería.
Una mesa pequeñisima y unos taburetitos en los que a Tutty le sobraban patas por todos lados
Un par de Chais y un café con leche con nata. Cafe(Mi nata, por cierto, se empeñó en experimentar el principio de Arquímedes, y se me derramó todo….)

A la vuelta compré bizcocho en el mercado medieval (que me había quedado con ganas el viernes…)

Con el Tabú.
Jugar al Tabú es un arte que pocos dominan (el que si que lo domina es el dueño del Continental, por cierto).
Uno se entera de todo con este juego (lo que Tutty no se come, por ejemplo), pero está demostradísimo que cuanto más se conozcan dos personas, y más referencias externas se puedan hacer, más fácil resulta acertar las palabritas.

Lo cierto es que yo sí que soy lo peor para jugar al Tabú, no por lo mala que soy expresándome (que lo soy), sino porque tengo tendencia a NO callarme, acertar las palabrejas (incluso si no está jugando mi equipo), y a hacer gestos para ayudar un poquillo. -A mí es que sin emoción, me aburre-

Un domingo completito, ¿no?
Gracias, porque me hacéis sentir viva.