El principito
Mientras esperaba a los chicos para el cine, me entretuve en mirar un poco los quiosquitos que hay junto al neptuno.
Siempre encuentro algo que me llame la atención, y como mi vida de refugio y meditación me hace ahorrar mucho más de lo que podía antes, me gusta dar rienda suelta a esas pequeñas ilusiones que me impulsan a comprar tonterías como lápices en forma de jirafa, o El Principito en una edición bilingüe.
Cuando mi madre ve estos regalos que me hago, no deja de quejarse, “Si ya tienes dos ediciones de ese libro, ¿a qué viene una más?”
Mi padre alucina también, “¡Pero si es un libro de niños pequeños!”
Yo sé que es imposible explicarles lo que para mí significa, que no es un cuentecillo de niños pequeños, que tiene mucha más profundidad, que es un libro que parece sencillo e ingenuo, pero sólo en apariencia. Que es la historia de un niño, escrita para adultos.
(Eso me explicaban esta mañana a mí, encontrando las palabras adecuadas)
Mi amigo nunca daba explicaciones. Quién sabe, a lo mejor me creía semejante a él. Pero yo, por desgracia, no sé ver los corderos a través de las cajas. Acaso soy un poco como los mayores. Habré envejecido.
Antoine de Saint-Exupery.

