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feb

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A diestra y siniestra.

By Tutty

Cuando entré en primero de EGB me daba clase una profa un poco mayor, que muy arraigada a sus costumbres, nos hacía rezar todas las mañanas un padrenuestro y un diostesalvemaría e intentaba que todos sus alumnos fuesen diestros.
Recuerdo que el chico que iba delante mía en la lista sí que era zurdo (zocato, le decía), y la buena señora no paraba de ponerle el lápiz en la derecha. “Escribe con esta, como Dios manda!
(Y el coleguilla no paraba de decir… si Dios lo hubiera mandado, me habría hecho diestro…)

nino

Como al chico le costaba lo suyo, yo me propuse allá por el 93 ¡escribir con la izquierda! (Creo que lo hice por solidaridad… ).

Mi letra zurda era horrorosa, y no mejoró con el tiempo.
Aún tengo algunas libretas de conocimiento del medio llena de mis espantosas palabrasilegibles e irregulares. (Nadie entendía por qué mi caligrafía, de la noche a la mañana, se había convertido en aquello).

Me mandaron cuadernillos Rubio, que marraneaba con mis rallajos descontrolados.
Varias de mis amigas se reían de mi falta de disciplina cogiendo el bolígrafo.
Incluso algún psicólogo-pedagogo intentó asignarme algún trauma por el que mi fuente caligráfica se había revelado en mi contra.

Después de varios meses, ni mi maestra, ni mi madre conseguían adivinar la causa de la desaparición de mi artística letra.
¿Nadie se había fijado nunca en que al principio era diestra, y luego, ya no?

Y el problema que tanto preocupaba a mis padres (que ya sospechaban que mi vocación era la de médico) desapareció tal y como vino… cuando me hice un esguince en el dedo índice de la mano izquierda.
Mi madre venía preocupadísima de traumatología, mirando la cérula que me acababan de poner: ¿Y ahora cómo vas a hacer los deberes? (todos habían asumido en poco tiempo que yo era zurda!)
A mí no me parecía tan problemático: llevaba toda la vida escribiendo con la derecha. No creo que se me hubiera olvidado.

Agradecí el intento de ayuda de mi madre: ¿Quiéres que escriba yo, por tí, los deberes?
- No, gracias, mami-

Cogí el boli con la diestra… ¡y allí estaba la letra bonita!
Bajo la atenta mirada de mi madre que flipaba en colores.

Tanta caligrafía… tanto psicologopedagogo, tanto observar mis trazos, tanta regañina, tanto trauma…
Mi madre se puso a llorar, me dijo que era una mala hija, y me dió una cachetada (de la que luego me disculpó).

Yo no entendí nada hasta cierto tiempo después (no lo consideraba una travesura…).
Y aún ahora, me cuesta entender cómo nadie se había dado cuenta de que no escribía con la mano que mi genética dictaba.