Me desembrago.
Hay días en los que mi coche no quiere ser un periférico de mí misma y se pone rebelde. Hoy los pedales estaban tontillos, no me hacía mucho caso. Además, no querían “ir con mi pie”, es una sensación curiosa pero hasta mis pasajeros se han dado cuenta: “Normalmente no hace esos ruidos al pisar, no?”
(En realidad era al levantar el pie, no al pisar)
Ha sido justo cuando íbamos a seguir después de que un semáforo se pusiera en verde cuando mi coche ha perdido la vergüenza y la dignidad: se le ha ido el embrague.
Mi padre casi se pone a llorar: su embrague! Después de diez años con él!
Ummm… si hubiera sido yo la que me hubiera desembragado en público me hubiera dado dos yoyas y no hubiera puesto esa cara.
(Se creerá que los embragues duran toda la vida…)