Cosas indecentes en agujeros innombrables.
Si hubiera sabido que Xavi ya había publicado post hoy, no hubiera insistido en meter otro más.
Pero son cosas que no pueden esperar.
Tengo que contarlo casi desde el riguroso directo, a pocas horas del acontecimiento.
Ayer casi me ahogo.

Estaba comiendo cerezas viendo Aquí no hay quien viva (aunque yo preferiría ver todas las noches… y a todas horas House) cuando Eduardo Gómez (Mariano) soltó alguna gilipollez y sí: me reí.
Me reí tan fuerte que el hueso de la cereza que estaba comiendo se metió directo en mi garganta, pero no en el lugar que debería meterse (bueno, en realidad los huesos no deberían meterse por ningún lugar) sino por el famosisimo sitio que se conoce como “el otro lao“.
(¿Cuándo os atragantáis no decís se me ha ido por el otro lao? ¿Soy la única?)
El otro lao, no es un buen lugar para un hueso de cereza.
No por nada, sino porque no puedes respirar. Y respirar es una manía que tengo.
Lo que todo el mundo hace es toser. Y yo también.
Tosí, tosí, tosí, tosí, tosí, tosí… y tosí más.
When de repente el hueso se desatascó y me dejaba seguir respirando.
Pero no salió. No lo escupí. (¡Ay!)
Entonces empezó a dolerme algo “por dentro”.
¿Y el hueso? ¿Se habrá metido en algún sitio y llegado a mi cerebro? ¿Me quedaré toda la vida con el hueso en el cuerpo?
Aunque conseguía respirar por la boca, el dolor era un poco insoportable… y… además… no podía sacar aire por la nariz. (¡Uy, qué chungo….!)
Con todas mis fuerzas empujé el ente a través de la nariz y salió como un perdigón (directo al wáter -si no lo hubiera guardado en conserva y le hubiera hecho fotos-).
Poco después del hueso llega la hemorragia.
El agujero de la nariz no es un buen sitio para un hueso de cereza.
Para colmo he estado toda la mañana con las sensación de un postoperatorio de una rinoplastia.
: S
