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sep

1

El ataque de los clones (de Tutty).

By Tutty

Voy a tener que abrir una nueva categoría llamada “Sueños” como siga así…

No todos mis sueños están llenos de amor y pasión. Hay sueños con un alto contenido filosófico, con dilemas morales, y llenos de decisiones sobre las que reflexiono cuando despierto. ¿Si hubiera tenido que elegir, hubiera tomado el mismo camino?

clon

Hace un par de días soñé que el ser humano conseguía clonarse. Era legal y natural.
Con una muestra de sangre podías encargar un clon de tí mismo, que crecía aceleradamente y al que se le “traspasaba” una copia neuronal.

Es decir, justo en el momento de finalizar la creación de tu propio clon había una persona igual que tú, con tu mismo carácter, con tus recuerdos. Y que tomaría las mismas decisiones que tú.
Aunque según como fueran sus experiencias a partir de ese momento podría evolucionar de forma diferente.

Es raro de explicar, pero cuando desperté yo tuve la sensación de que había creado “un proceso hijo”. Con mi misma pregión.

¿Para qué usarías tú un clon?

cien-clon

Yo hice lo que se suele hacer con un clon en las películas (o con una hermana gemela en su defecto), mientras una estudiaba, la otra hacía vida social.
Es decir, la esclavicé. La usé para no perder mi vida personal mientras yo podía rendir académicamente al máximo. (Sí, ella salía, y yo estudiaba, ¿tú harías lo contrario?).

Aunque ella no se daba cuenta de que “la estaba usando”.
Prácticamente parecía un acuerdo común.
A mí no me importaba estudiar. Y a ella le encantaba salir. (Y al revés, claro).

Con ella nunca mencioné el delicado tema de que era un humano hecho a mi imagen y semejanza. No hablamos abiertamente del hecho de haberla encargado, de haberla visto crecer, o de cuales eran mis objetivos para hacer tal cosa.

Como ella era la que iba de cervezas y tapas. La que salía de botellón, la que cultivaba mi amistad con mis amigos, al cabo de unos meses, ellos eran unos desconocidos, y mi clon -y no yo- era su mejor amiga.
Claro, ellos pensaban que era yo, y a mí no me parecía adecuado decirles que había preferido encerrarme en mí misma y en el ordenador a estar con ellos.

Una noche, Tutty II invitó a mis chicos, a los que apenas había visto en los últimos tres meses, a casa. A cenar Crêpes, como siempre.
Esa Tutty había practicado muchísimo más el arte de ser la anfitriona.
Cayó en los detalles que yo no había caído nunca.
Era fantástica como amiga.
Compró Whisky para Rosa, Vodka para Ana, tinto, zumo de naranja, agua mineral, y cerveza. También Magnums White para Juan. Y churros con chocolate para todos, para la madrugada.

Yo estaba en mi cuarto, mientras ellos estaban en el comedor, porque no era conveniente que nos vieran a las dos juntas.
Pero aún así los oía. Oía cómo se reían. Cómo bebían. Cómo encajaba Tutty en aquel grupo. Y sentí celos.
Yo nunca había cuidado tanto su amistad, y ahora ella me había reemplazado totalmente.
Sabía que no podía culparla, en el fondo había sido mi decisión.
Tampoco podía culparlos a ellos.
Sólo a mí misma por haber preferido la programación y el aislamiento.

Tutty sabía qué decir, y cuándo decirlo.
Resultaba ingeniosa, atenta, oportuna y lista. ¿Más que yo? Sin duda era mejor con ellos de lo que yo hubiera sido nunca.
Tutty caía bien. Demasiado bien.

No me sentía yo misma.
Realmente, sin la gente que me quería yo no era nadie.

Y ya no me querían a mí, aunque ellos así lo creyesen.

La querían a ella. Ella sabía que la querían. Yo lo sabía.
Pero ellos no.
Ni siquiera mis mejores amigos sabían que había una ella, y una yo.

Tenía que ocultárselo y me sentía como una traidora incluyendo una extraña entre ellos.
Aunque ahora… la extraña era yo.

Porque ahora ella era diferente. Era muy diferente.
Era diferente a quien yo fuí.
¿Sería yo también diferente a la Tutty de dos meses atrás?

Estaba sola.
Y me empecé a preguntar si yo realmente existía.
¿Existo?
¿Cómo sé que existo?
Ella lleva mi DNI, mis amigos la reconocen como Tutty. Incluso usa mis correos y mi dirección postal.
En la práctica era ella yo.
¿Era ella completamente yo?

Me sentía sola.
Y además, ya no había lugar en el mundo para mí.

La convivencia también se hizo difícil.
Éramos igual de maniáticas, pero aunque al principio ambas compartíamos las mismas obsesiones, ahora me molestaban muchas cosas de ella.
No era nada ordenada con la ropa, ni colocaba el café en su sitio cuando terminaba de usarlo.
No lavaba su taza y siempre estaba sucia.
Le gustaba arreglarse, y mucho.
Le gustaba la ropa de Stradivarius, Zara, Mango y otras tiendas pijitas en las que a mí no solían encontrarme.
Vestía con estilo. Tenía mucho tiempo para sí misma, y se arreglaba. Dos horas con el pelo, la mascarilla, las cremas, los tónicos… Y cada vez se veía más estupenda.
La miraba, y me miraba.
No parecíamos la misma persona.

Ni ella se parecía a mí. Ni mi imagen en el espejo me recordaba a mí misma.

Aunque al principio nos contábamos las cosas que nos iban ocurriendo, yo lo que había aprendido, y ella lo bien que se lo había pasado.
Pero ese ritual se seguía cada vez con menos ganas.
Yo sólo lo hacía para intentar darle envidia de todo lo que sabía, es genial aprender a programar en Perl, php, AJAx…
Pero era ella siempre la que terminaba poniéndome los dientes largos con sus juergas nocturnas.

Estaba hartísima y decidí hablar con Tutty II.

Quería sus recuerdos.
Así tendría sus vivencias, y podría creer que me lo había pasado bien.
Tenía derecho a decirle que “quería sus recuerdos”.
Era mía, ¿no?

Al comprar mi clon el doctor Obara me explicó que podríamos transpasarnos nuestros conocimientos como una actualización. Sin sobreescribir. Ya que nuestro cerebro tiene capacidad para almacenar recuerdos de dos o tres vidas.

Yo quería sus últimos meses y los míos. Necesitaba el doble de recuerdos. Los de mis estudios. Y los de sus salidas.

Pero Tutty II no estaba de acuerdo en hacerlo desinteresadamente.
Porque ella también ansiaba mis conocimientos. Todos los que había tomado en tres o cuatro meses.

Esa opción no me gustaba mucho.
Imaginate, la Tutty tan perfecta, tan arreglada, tan estilosa, tan ingeniosa, tan lista, y… con tanta sabiduría. Me volvería loca, ¿no?

Además, creer que has hecho cosas no es lo mismo que hacerlas.
Yo podría creer que los últimos meses habían sido geniales, pero seguiría blanca de no salir, con el culo gordo de estar sentada frente al ordenador, y el pelo áspero de no cuidarlo.
Me gustaba lo que hacía mi clon.
Me gustaba lo que hacía yo misma.
Preferia mi vida de antes.
Y empezaba a odiar a Tutty II.
Era una copia mejorada.

Le dije que no sabía si quería darle mis recuerdos (que eran míos!).
Ella me miró sorprendida, e insinuó que el único pago que exigía por regalarme los suyos.

Yo siempre estaba encerrada, y eso empezaba a volverme loca.
Casi no podía dormir por las noches.
Estaba psicótica, desagradable y borde.
Me habían sacado de mi lugar en el mundo.
Esa zorra me había echado de mi vida.
Mi vida era lo peor.
Mi vida era un asco, y la culpable era ella.

No podía exigirle su memoria.
No podía obligarla a hacer cosas que no quería hacer.
Y tampoco quería que la tensión aumentara.
No podemos seguir así.

Acepté ir al médico (creador) a prestarnos las copias de nuestros enlaces neuronales.
Era algo muy común que solían hacer los clones, un sencillisimo procedimiento.
Es la unica manera no aceptar la bifurcación que se ha producido en tu vida.
Era… como vivir dos veces.

Cuando terminamos con la operación de intercambio todo parecía mucho peor.
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Sus últimos meses habían sido fantásticos. Apasionantes.
Había visto varios paises, había ido a la playa. Tenía imágenes de mis pies chapoteando, de mis amigos riendo.
Tenía un nuevo Camino de Santiago, tenía recuerdos actualizados del campo verde, de la belleza del exterior.
Tenía aventuras, algún que otro amor pasajero, momentos que había valido la pena vivir. Y me dí cuenta de cómo echaba de menos eso, aunque ahora tuviera información clara y nítida. Aunque casi sintiera en mi piel que había sido yo.

Así que ahora… ¿quería que todo siguiera igual?
¿Varios meses encerrada más, y después saber todo lo que me había perdido?
¿Estaba dispuesta a “gastar” mi vida encerrada entre libros, aunque luego tuviese la impresión de que me había divertido?
Tenía lo que al principio era mi objetivo: vivir el doble, una vida para estudiar, y otra para divertirme.

Y aún así no me satisfacía nada. Y tampoco me gustaba que tuviera mi lugar entre mis amigos, entre mi mundo. Me sentía mal “metiendo una copia” de mí, para evitar estar con ellos. Me sentía muy mal.
Tenía celos de que “yo II” les cayese tan bien. ¿Cómo no se daban cuenta de que no era yo?
Quería mi vida.
Quería mi vida de antes.
Quería estudiar menos, y estar con los que quería más.

Cuando uno crea su propio clon, tiene derecho sobre él. Es humano. Es tú. Pero es tuyo.
Yo pensé que ya no me gustaba tener un clon.
Que quería seguir siendo única.
Hablaría con el doctor.
Era un buen momento ya que me había traspasado sus pensamientos y experiencias. Ahora quería destruir a mi clon.

No podía decírselo, porque podía rebelarse.

Ella estaba feliz. Alucinaba con la cantidad de cosas que sabía sin esfuerzo. Es verdad que había progresado mucho intelectualmente últimamente.
Y comentó… no tiene tanta gracia saber hacer las cosas sin haberte esforzado. Debes disfrutar mucho lo que sabes, porque cuánto más te esfuerzas mayor es la recompensa.

Yo sabía perfectamente lo que ella quería decir.
Cuando apruebas asignaturas sin estudiar demasiado, la satisfacción es infinitamente menor a esas asignaturas que conseguies sacar después de varios años y horas dedicadas. La alegría no es la misma. El orgullo. El ego. La sensación de que si has podido hacer eso, podrás hacer lo que te propongas.

Le pedí a Tutty 2 que saliera de la consulta para hablar con el médico a solas.
Ella estuvo de acuerdo pero me pidió hacer lo mismo cuando yo terminara.

Le dije al doctor que me había hartado de clon. Que no era lo que parecía. Que ya no quería clon.
Él lo comprendió.
-”Suele pasar…”-

Luego entró ella.

Esperé un rato y poco después el científico nos hizo entrar a las dos.

Cuándo estábamos los tres juntos, aquel señor nos comentó:
- “Cuando creamos a Tutty II, le transferimos exactamente los mismos recuerdos que tiene Tutty I, así logramos un caracter igual, unos pensamientos parecidos, y en definitiva un clon perfecto. ”

Me un poco de pena. Me miraba, y me estaba mirando a mí misma.

El médico nos hizo sentarnos. Eran unas sillas con correas.
Nos iban a atar.

-”Para destruir al clon hay que ataros”-

Y no pusimos resistencia.

Yo la miraba y no podía creer que aceptara con tanta sumisión su inminente muerte.

-”Eso pasa muy frecuentemente. No disfrutamos de nuestra autenticidad hasta que no la tenemos. Hasta que somos iguales que otros no nos gusta ser tan diferentes. Tan únicos” – nos comentaba el doctor.

Tutty me miró. Noté pena en sus ojos.

-”Ambas habéis decidido que no podéis vivir juntas, y por tanto queréis volver a ser únicas”.

Quizás ella también creía que era la original.

La notaba asustada.
Supe que empezó a pensar que aquel iba a ser su final.
No me gustó, ¿por qué no podríamos tener dos vidas más o menos parecidas, equilibradas?

Me miró con odio, y yo a ella con compasión.

No podía pensar que ella quería matarme a mí.
Yo, que la había creado, y le había prestado mi esencia.

El médico siguió hablando.
-”Cuando creamos un ser exacto a otro, no había forma de diferenciaros. Es una palabra contra otra. Por eso el laboratorio coloca un chip en el cuello, que el individuo portador no conoce que lo tiene, para evitar que se lo arranque, y se pierda la pista de quién era el original, y quién no.”

Aquello, hizo que respirara tranquila.
No tendría que defenderme como ser original con palabras. No jugaríamos al “Pueblo duerme“. No necesitaría hablar como un abogado para convencer a nadie y así salvar mi vida. (Que es exactamente lo que tiene que hacer un preso en el corredor de la muerte: sálvate con tus palabras).

Había una prueba objetiva.

Me relajé mientras el lector comprobaba que yo era la original, y mi idéntica era la copia.

jeringa

Mientras el médico preparaba la inyección letal.
“Esto no te dolerá”, nos decía sin mirarnos. “Es sólo una inyección que te dejará dormida, sólo que no despertarás”.

playa

Pensé en todo lo que volvería a hacer cuando saliera de allí.
Me iría a la playa y notaría la arena entre los dedos de los pies.
Saldría a mirar las estrellas por la noche.
Aprovecharía mi nueva virtud para el recibimiento de invitados en casa.
Disfrutaría mucho más de lo que había hecho antes.

El aparato que leía nuestra identidad imprimió un papel.
Como el tícket de la báscula de una farmacia.
El médico lo leyó y nos miró.
“¿Seguro?”
Ahora ya ambas estábamos convencidas.
Cuanto más lo pensábamos.
Ella quería difrutar su inteligencia, y yo el mundo.
… y… “la inyección es para… “.

Y me señaló con el dedo.