Si algo puede salir mal…
Eso es lo que dice la primera y principal ley de Murphy.
Son tan usadas, tan repetidas, tan generales, y se dan en la vida cotidiana tantas veces que se ha convertido en otro refrán popular más.
Además, hay un corolario no escrito, que especifica que si cinco cosas no están atadas y bien atadas, es mucho más probable que las cinco vayan mal, que que todas vayan bien.
Yo no soy muy perfeccionista.
Soy de la que me estudio los exámenes a medias, de las que me la juego y arriesgo en la vida, y de las que no reserva.
Si habrá hostal/billete/butaca/autobús/flores/pasteles….!!
Siempre hay: excepto cuando voy yo. Que todo se acaba.
Sin ir más lejos, esta tarde viajo a almuñecar y hasta hace un cuarto de hora no sabía ni los horarios de los autobuses… porque… las seis es una buena hora. Las seis es la hora en que hay autobuses para todos los destinos.
Pues sí. Casi.
A las 8, porque el de las cuatro ya lo hemos perdido.
(Factor riesgo… sí…)
Lo cierto es que como estoy tan acostumbrada a que nada salga como lo espero, luchar contra los inccidentes se hace tan cotidiano que el día que sale algo bien, que todo funciona a la primera, que no tienes que luchar contra las personas/las máquinas/o las reglas que marca el mundo, ves todo muy diferente. Parece que todo va a mejor.
Todo este rollo os lo cuento porque ayer, a mí, me salió todo casi-perfecto.
Y lloré.
Os prometo que no lloro viendo La lista de Schindler y cosas así hacen que suelte alguna lagrimita.
Me compré el viernes (que fué fiesta en Granada, pero no en Peligros) un bichuchillo en el Media Markt.
El Media Markt es ese gran almacén rojo que pese a la horrible publicidad que tiene, todos nos hemos convendido de que no queremos ser tontos, y ahora lo tenemos en cuenta para comparar precios cuando queremos comprar algo (que no es poco).
Un bichuchillo es esto:

Es… un disco duro externo que tiene salida para tv. (Pero me parece un nombre muy largo).
Pues compré ese en oferta.
Y me lo llevé a casa.
Al abrirlo descubrí que ese aparato ya había sido manipulado.
Los cables no venían tan correctamente enrollados como era de esperar, las pilas plastificadas, y el disco duro tenía huellas grasientas en la carcasa.
Primer mosqueo.
Lo enchufé al usb de mi portatil.
Y esperé, esperé y esperé a que mi linuxillo me dijera que había detectado algo. Así que, me pasé a windows (segundo mosqueo).
Y tampoco lo detectaba. (Oh! qué raro! mosqueo total)
¿Qué harías tú?
Pues yo me dí un paseito el sábado por la mañana hasta el Kinépolis.
“Oiga… que no funciona…”
Acostumbrada a los asistentes por teléfono, me resultó impresionante que el chico del servicio post-venta me creyera. Porque siempre me hacen creer que soy la más estúpida del mundo.
“Lo has enchufado? Has reiniciado? Lo has encendido? Se enciende la luz azul? has puesto el cable bien? tu ordenador tiene menos de 20 años? lo has metido en un usb, seguro?”
Que sí. Que no funciona. NO- funciona. Más ganas tengo yo que funcione -que soy la que no tengo internet/microondas/impresora/mp3 y NO lo hace.
Después de que el chico me creyera a la primera y no comprobara que estaban todos los componentes que llegaban en la caja del disco duro (cables, mando, etc…) -no es que me hubiera mangado nada, pero… qué detalle, no?-) me dijo que pasara y que cogiera uno nuevo, y además añadió: y luego te pasas por aquí, que te comente una cosilla.
Pues la cosilla era que los de BestBuy la habían cagado un poquito con las explicaciones del formateo. Porque WindowsXP no dejaba formatear en Fat32, sólo en NTFS. Y el bichu no reconocía ese formato.
Pues allí mismo me grabó un cd con las instrucciones, y un programa (estilo Partition Magic) que sí que permitía formatear y particionar como a uno le daba la gana.
Pues me resultó raro. Que antes de tener un problema te adviertan, que te graben un cd por la cara -que además me dejó abierto, por si quería grabar alguna otra cosilla en los 870 megas que sobraban-, y que te atiendan tan amablemente. (Con lo fácil que hubiera sido “tú mira en la página web, que ahí viene”)
Pues sí, yo le hubiera dado un beso al tío.
En su defecto le pregunté su nombre, y añadí una felicitación “A David, de servicio PostVenta” en el buzón de sugerencias.
El programita funcionaba cachi y ahora disfruto de mis peliculillas en divx en la tele. (Toda la temporada 2 y 3 de Scrubs me he tragado en un día)
Nota: sí, este post parece un capítulo de los Simpsons. Ha empezado con algo totalmente distinto de lo que ha empezado.