Dias de sol
Cuando estudiaba me fastidiaba muchísimo tener que levantarme un día festivo, o un sábado, o un domingo y que incluso temprano, los primeros rayos del sol al amanecer anunciaran un buen día. Un gran día soleado.
Suele pasar cuando se acercan los exámenes de Junio, y los días empiezan a hacerse más largos, más luminosos, y más apetecibles.
Al final siempre pasaba lo mismo, que no salía para no sentirme mal, pero terminaba perreando todo el día.
Cuando por fín terminé me dí cuenta de lo que todo el mundo dice, que las vacaciones no son especiales sin son perennes.
Aunque yo creía que me iba a apetecer un año sabático, está claro que hay que tener muchas ganas de holgazanear para estar un año sin hacer nada.
Cuando se acercaba el puente (o el día de fiesta) no me lo tomé con mucha ilusión. Total, un día más. A mí, eso de las vacaciones, la fiesta, y el descanso me suenan al pan nuestro de cada día.
Además, ha hecho un día buenísimo, y ahora que puedo, no lo he aprovechado. No he salido, no he paseado, no he… nada.
Porque he preferido quedarme en casa haciendo mis cosas.
En un principio pensaréis “no tienes días para hacer tus cosas? en qué se diferencia hoy de ayer, o de mañana?”.
Esa misma duda me planteaba yo, hasta que he reparado en lo evidente.
Lo que diferencia este día de vacaciones, de cualquier otro día (de vacaciones) es que el resto de días (de vacaciones) mis padres no tienen vacaciones.
Es decir, hoy, son mis vacaciones, porque mis padres no están en casa.
Descanso. Sí. Descanso de ellos.
