Un rodeo a la Sabika
Os prometo que, cuanto más itinerarios hago, más me gustan, y más ganas tengo de ir al siguiente.
Sé que este es el típico post que no vais a leer, pero en un acto de egoismo el blog también me sirve a mí de referencia para saber qué épocas de mi vida estaba mejor, o en cuales peor.
O qué hice en cada momento.
O guardar, como un la caja de un tesoro, eso que he aprendido y que quizás olvide dentro de poco, y quiera volver a recordar al releer.
El de ayer era un Rodeo a la Sabika.
El recorrido comenzó en la Cuesta de los Chinos.
Yo, hasta ayer no sabía qué era la Sabika. Ni mis padres la situaban correctamente.
La Sabika es la colina encima de la cual está la Alhambra (en la margen izquierda del río Darro, al este de la ciudad, frente a los barrios del Albaicín y de la Alcazaba).
En el empedrado de la escalinata (y también del Albaicín) está formado por cantos rodados.
Pero no por eso recibe su nombre. Ni por los turistas.
Según Pedro es porque para subir el féretro al cementerio después de tres días de velatorio (el fallecido ya iba con un color bastante paliducho), el esfuerzo que había que hacer era tan grande que los amigos/familiares/contratados que iban tirando se ponían también algo destempladillos y perdian el color.
Asociada a ésta cuesta, Francisco de P. Villa-Real, en su libro “Tradiciones de Granada” relata una leyenda.
No os la voy a escribir entera, y tampoco la he encontrado al googlear. Así que se queda en la recámara.
Seguimos el itinerario por el camino que separa la Alhambra del Generalife, observamos el sistema hidráulico.
El Puente del Agua, que es el segundo que se vé en la foto de la derecha era una de las vías principales de abastecimiento -de agua, claro- de la Alhambra..
El otro, que no es acueducto, que se vé en primer plano también abastece a la Alhambra, en este caso de turistas.
Fué entre estos dos puentes donde nos pusimos a cantar “Llorando por Granada”, de Los Puntos.
El sistema de albercas servía y sirve para: Almacenar el agua, decantar agua, elemento decorativo y servir de vasos comunicantes.
Seguimos camino de la Silla del Moro,
// camino que Juan había intentado seguir alguna vez,
//y siempre se tropezaba con una puerta.
// ayer aprendimos por dónde había que subir para saltársela.
y encontramos en nuestro camino un matojo de romero. Pedro aprovechó para hablarnos de la diferencia entre la miel de milflores, la de romero, la de tomillo. Además de cómo se hacía el alcohol de éstas plantas.
Y con colines nos dió a probar dos tipos de miel. : ) ~~
Seguimos hasta la Silla del Moro que tiene una vista de Granada preciosa.
En el parque periurbano aprendimos a distinguir el Pino Canario, que tiene las acículas (“hojas”) en grupos de 3, más largas de lo normal (15 ctm…), flexibles y colgantes.
Seguimos el río Darro (viendo el Sacromonte) hasta la parte de abajo del Llano de la Perdiz, donde cogemos un desvío, no sin antes hacer un alto de diez minutos para la cena.
La siguiente parada fue el Albercón del Negro, que daba agua al palacio que había cerca del cementerio, y del que ya sólo quedan unas ruinas.
Hay una leyenda sobre un etíope alto y fuerte, que tampoco me voy a entretener en contarla (que ayer me dió zuzto).
Comentamos, después, los ecosistemas del Periurbano. Las repoblaciones de pinos, y los invonvenientes de éstas (en cuanto al ecosistema, en cuanto a la diversidad… además del problema de que estén tan juntos, que favorece la expansion de plagas y la propagación de incendios-).
Ya estamos casi al final, y llegamos al Barranco del Abogado, donde bajamos tanto, tanto, que empezaron a resentírseme las rodillas.
Terminamos en la Calle de los Molinos, junto al museo de Ángel Ganivet (conocido porque se monta a una cabra en la Alhambra).
Cada uno a su casa, y nosotros cuatro a la de Tutty, a comer crêpes.




