Volando
Hace poco llegué de Londres.
No quiero daros la lata con el viaje, casi toda la gente que conozco ya ha estado allí, y daros detalles que ya todo el mundo conoce.
Si os interesa ver alguna foto podéis entrar en mi correspondiente tag de flickr.
El objeto del post no es contaros nada de esto (de verdad).
Quería que viéseis una cosita…
Yo sabía que la presión del avión volando, y en el suelo no era la misma. Es obvio porque mis trompitas de Eustaquio se suelen bloquear.
La trompa puede ser bloqueada u obstruida por una variedad de razones. Cuando eso ocurre, la presión en el oído medio no puede ser ecualizada. El aíre ahí es absorbido y se produce un vacío, que retrae la membrana timpánica. En esas condiciones no puede vibrar normalmente, por lo que la audición se torna más apagada o se siente el oído ¨tapado¨.
Pero naturalmente la presión de aire a 10.000 metros del suelo es muchisimo menor, lo que hace que los aviones se tengan que presurizados.
La presión que hay en un avión que ha despegado es equivalente a la que tendríamos entre 1.500 y 2.500 metros de altura.
Sabemos que esto provoca una reducción de la presión barométrica, de la presión parcial de oxígeno. Que nuestro cuerpo tiende a expandirse (más bien el gas que contiene).
- Lo cual explica aún mejor lo de la mujer flatulenciosa de las cerillas-
No sabía muy bien cuales eran las consecuencias prácticas de todo esto, hasta que hice mi propio experimento la última vez que viajé (el lunes).
Fácil: bebí agua volando, cerré la botella, y cuando llegué a casa comprobé el efecto del cambio de presión.


