Navidad.
Miro a la gente que tengo a mi alrededor. A mis padres, a mis amigos, a mis primos peques, a mis primos grandes…
Todo el mundo tiene ganas de celebrar cena de navidad, comida de navidad, e incluso ha surgido algún café de Navidad.
Porque la Navidad ¡se celebra!.
Se celebra que todo el mundo esta contento ¿?, que la gente se quiere ¿?, y que estamos de vacaciones. ¿estamos?
Casi todo el mundo que conozco, y que trabaja (incluidos mis padres) tienen algunos días libres.
Mis ex-compañeros de clase tienen por fín tiempo. (No importa que sea tiempo libre, sólo es tiempo. Tiempo para hacer prácticas tranquilamente…)
Mis primos chiquitines han recibido sus evaluaciones y se van contentos a casa con sus notas llenas de PA.
Y los amigos mi único amigo que tiene un curso regido por trimestres, también toma éste último aliento de vacaciones fresquitas, antes de un segundo-final trimestre, y cambiar de vida después…
Sin embargo las vacaciones no son apreciadas cuando no son vacaciones.
Para “vacacionar” tienes que haber “no-vacacionado” antes, y así la recompensa del descanso es disfrutada.
Yo me enfrento a mis primera vacaciones en el paro (más voluntario que obligado, es cierto…).
Y encima trabajo por horas, sin cotización, en un puesto en el que además de recibir acosos de mi jefe-virtual, y vestir con un disfraz que ignora mi dignidad, tengo que soportar algún piropo calenturiento de padres. (Soy el duendecillo de 1.84m de PapaNoel).
No quería que me saliera un post deprimente.
No era una queja de yo trabajo en Navidad, incluso el 24 hasta las 22h de la noche mientras los demás disfrutan.
Era sólo una cutre-reflexión-personal sobre … que… la… satisfracción y el placer de las vacaciones es directamente proporcional al esfuerzo que has realizado antes….
Como la paz de finales de Febrero después de enfrentarte a una tormenta de tres exámenes por semana. O la calma después de la entrega de un proyecto. O dormir tranquilo después de terminar la práctica de MP2.
Bah… déjalo.
