Wok
Han abierto un Wok en un pueblo de la Alpujarra.
Quien conozca la Alpujarra granadina sabe que por aquí pasó un inglés…..
La historia de por aquí pasó un inglés la cuenta con mucho arte el padre de Ana.
Decía que había pueblos de pocos habitantes desperdigados por el mundo en que los habitantes te vendían una casa por 40 ó 50.000 pesestas.
Pero que cuando él fue a verlos le pidieron 40,000.000.
Sí, sí. Cuarenta millones.
Y decía el dueño del bar (hay una teoría muy consagrada sobre que un pueblo se funda en torno a un bar) que antes las casas allí no valían mucho, pero que como por aquií vino, una vez, un inglés, ahora se han puesto al precio turístico de cuarenta millones. Como en Marbella, vamos.
Y en el pueblo siguiente lo mismo.
Que todo se había revalorizado porque una vez llegó por allí un inglés….
Pues en la Alpujarra pasaron una tribu de ingleses hace mucho tiempo. Y parece que nadie se percató de la riqueza de cultura que se concentraba allí, hasta entonces.
Así que allí viven colonias enteras de guiris que cultivan un excelente acento alpujarreño.
Y allí han puesto un wok.
Nosotros, que no tenemos suficiente con el de Gran Vía de Granada, quisimos ir a verlo.
Recién abierto, nuevecito: que es justo el momento en el que en Wok te regalan la bebida con el menú.
Íbamos cinco amigos (que son, casualmente, las personas que caben en un coche).
“Mesa para cinco”
Y para variar estaba petadísimo y nos pusieron en el último rincón, en una mesa de cuatro. Achuchaditos.
En lo que me quería centrar, es que uno de los chicos se fué a la parte japonesa del Wok, y pilló cinco sushis y en un cuenquito dos cucharadas grandes de wasabi.
El wasabi, para quien no lo sepa, es un condimento japonés, de color verde, que tiene un sabor fuerte. Fuerte no. Fuertísimo Fortísimo.
Normalmente (por lo menos lo que nos recomienda el japonés malafollá del Wok de Gran Vía)
nosotros ponemos una chispita de wasabi en la salsa de soja, removemos, ahí mojamos el sushi.
Pues el chico, cogió un panecito, y con el cuchillo, empezó a huntar wasabi (ante la atónita mirada de los otros cuatro… -pero qué hacee!!!????-).
Una maldad, no digna de nosotros, combinada con la sorpresa del gesto del chico, hizo que nos calláramos, a la espera de que rematara la faena.
Puso un montón de wasabi en el panecillo, y se lo metió en la boca.
Todos sabíamos lo que iba a pasar: dos lagrimones le calleron por las mejillas (cual dibujo manga).
Se puso rojo, y bebió agua.
Cuando consiguió hablar otra vez, sólo pudo articular tres palabras:
- No era aguacate.
O_o