Playa el sábado por la tarde.
Hace unas semanas, después de un sueño del que no me acuerdo, me levanté obsesionada con una frase:
Es más dificil encontrar un amigo, que la luna en un pozo.
No sé ni dónde la he leido, ni encuentro ninguna referencia a ella.
Incluso podría tener varias interpretaciones, aunque yo me decanto por la obvia.
Para tener buenos amigos, uno puede hacer dos cosas: o bien cultivarlos, o bien encontrar gente que esté ahí para lo bueno, y para lo malo.
Yo, de cultivos, no voy sobrada.
Soy demasiado pasional, me centro en algo y olvido lo demás, estoy despistada, nunca me acuerdo de llamar a nadie un sábado por la noche cuando estoy aburrida, y cuando encuentro a alguien que me siga el ritmo, lo acoso lo agobio hasta que me manda a freir espárragos.
Pero siempre tengo gente, que por alguna inimaginable razón, está ahí.
Está ahí cuando estoy triste, cuando llega la felicidad química, que me propone un plan divertido, y que no me deja sóla.
Hacer cualquier cosa con Nauj, no sé como nos lo montamos, siempre tiene un desencadenante: una conversación algo friki geek, una frase para recordar, o una discusión sobre qué es más interesante, llevarte lo que hay en la papelera de reciclaje, o las cookies del navegador.
O todo a la vez.
Y después, en pleno Nerja, buscando aparcamiento, emitieron (para terminar de demostrar mi teoría sobre letras que no tienen sentido) el último single del último disco de Marta Sánchez (me guardo mi opinión, y sigo…), que tiene una estrofa que dice:
“Ven y estrecha mi mano
Inventemos una coacción
Donde dos mas dos, suman veintidos
Y aunque no
Hoy he vuelto a ver, al que se fue…”
- ¿Dos más dos, suman veintdos? – Le pregunté inocentemente a Nauj, para ponerle un ejemplo de lo tonta que era la letra.
Y yo no sé como lo hace, pero estas frases no sé si me matan, o me encantan:
- Pues en Javascript sí, ¡hay que tener mucho cuidao’!
O_o
Y todavía hay quien se pregunta por qué mis sábados-tarde son tuyos.


