sep
30
sep
30
Extraños
Ahora me parece una tontería, pero durante mucho, mucho tiempo estuve pensando en tus últimas palabras, y en las primeras que te diría.
Le dí mil vueltas a qué sería más correcto, cruzarme de acera, hacerme la despistada, saludarte con la mano y un vago “hasta luego“, dedicarte una sonrisa, o incluso pararme a darte un par de besos y preguntarte qué tal te va, aunque yo siempre procuro saber como andas….
Sabía que tarde o temprano me iba a pasar.
El día menos pensado, cuando dejara de obsesionarme con la idea de volverte a ver.
Recuerdo que iba escuchando en el mp3 que me prestó (y nunca devolví) mi última relación fallida, una canción de La Oreja de Van Gogh.
En un día de estos en que suelo pensar
“ hoy va a ser el día menos pensado”,
nos hemos cruzado, has decidido mirar,
a los ojitos azules que ahora van a tu lado
Y que iba pensando cómo pollas demonios me las iba a apañar a partir de Enero para sobrevivir con los 400 euros que me quedan del sueldo después de que llegue la letra de la hipoteca en la que me acabo de meter.
Alguien, de repente, entre la marea humana de gente, me agarra el brazo con fuerza, y yo me giro dipuesta a darle como mínimo una patada a quien sea.
Y te encuentro.
Y, lo reconozco, tardé unas décimas de segundo en ubicar tu cara en mi recuerdo.
Y no pude evitar sonreir.
Estás más mayor. Y tu mirada ha madurado.
Pero no consigo recordar qué edad tienes.
No sé muy bien qué decir, y el silencio incómodo detrás del primer impulsivo
qué tal? no tarda en aparecer.
Tú, que siempre te has callado, y yo, que siempre he hablado.
Y ahora sólo se me ocurre preguntar “quécomoestásquétaltevaytodobienno?aversinosvemos…”
Pero no conseguimos entablar una conversación.
Y aún así, nos atrevemos a preguntarnos si nos apetece tomar algo.
Tú ya no tomas café -sigo pensando que el poleo es una mariconada-, y yo me tomo cinco al día.
Y además me fumo dos paquetes de tabaco diarios, pero tú ya lo dejaste.
Nos miramos, incómodos, en silencio, pensando de qué hablar.
Y la conversación no sale.
Somos ya dos desconocidos.
Exactamente igual que antes, empiezo a pensar. En realidad siempre fuimos dos extraños.
Si alguna vez hubo algún tipo de química, esta tarde ha quedado claro que se oxidó.
Seguimos nuestros extraños (y diferentes) caminos , no sin antes soltar aquél formal “aversinosvemos“.
Y justo en ese momento. En esa tarde que nos despedimos, me dí cuenta de que nos habíamos perdido para siempre. Porque ya no existíamos.





