Lengua y Literatura.
Lengua, pero mucha lengua.
Cuando estábamos en 2º de Bachillerato la profa que nos aguantaba, en uno de esos ataques de lucidez le dió por ponernos una poesía de Rafael Alberti para hacer un comentario de texto.
Un comentario de texto debe incluir, entre otras cosas, un análisis del significado del poema, de los recursos literarios, si conoces la vida del poeta intentar relacionarlo con algún dato, interpretarlo…
En fin, todo lo que se te ocurra, y más.
La poesía venía de Entre la espada y el clavel, que Alberti escribió entre 1939 y 1940, y se llama Cúbreme, amor, el cielo de la boca.
Vale la pena transcribirla:
Cúbreme, amor, el cielo de la boca
Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.
Alóquemelo, amor, su sal, aloca
tu lancinante aguda flor suprema,
doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.
¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,
para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!
Cuando nosotros leimos aquel poema, y nos dispusimos a analizarlo, al 90% de la gente nos pareció pura pornografía. No había más vuelta de hoja. Las risas ahogadas en medio de un examen, y empecemos con las metáforas.
Yo, y mi santa inocencia, sólo ví un beso.
Un clavel que eran los labios,
el cielo de la boca…
la espuma, la saliva,
la flor que era la boca…
los besos en el cuello…
Pues fui la única, creo yo.
Decía nuestra profesora que se enrojecía leyendo los exámenes de las cosas que habían puesto algunos. Hay quien vió sexo sin precaución, una felación, un cunnilingus… los que traducían en forma de novela erótica toda la poesía, quien sólo se limitaba a explicar que era lo de “la nieve que brotaba de la lancinante flor que desbocaba en un capullo (de clavel, claro )” .
Ahora, en perspectiva, saco dos conclusiones:
La primera es que yo era muy buena, muy buena. Y que la mente suciiiia llegó, por lo menos, en primero de facultad.
La segunda es que… o mi profesora era más buena que yo aún, o era malísima y retorcida, y nos puso una trampa en la que cayeron los chavales, como quien cae cuando jugamos al “yo nunca he…”