Los pingüinos también vuelan.
Hassy viaja en primera línea en mi coche, pegadita al cristal. Tanto, que un día nos vamos a chocar, se me va a estampar contra el parabrisas.

El otro día, un acelerón inesperado, cuesta arriba, Hasy “voló” literalmente desde el salpicadero a la bandeja del maletero… a lo que entre el susto y la impresión mi copiloto exclamó:
¡Para que luego digan que los pingüinos no vuelan!
A mí me entró la risa, y el coche se caló.