Un paseo en barco y los Karts
Como la semana anterior habíamos hecho como mínimo nueve horas al día, y hasta diez y media la mitad de los días, el lunes decidimos irnos “bien tempranito”.
Lo cierto es que Pamela, que se había quedado trabajando hasta las 3 de la mañana del sábado debería haber tenido la tarde completa libre, pero al final nos fuimos las dos a la vez.
Bien tempranito significa hacer las 8 horas que tendríamos que hacer siempre, e irnos.
Pero 8 horas supone salir a las 6.30, ¡cuando aún es de día!
Y poder ver algo de la ciudad.
Nos fuimos al Barrio Antíguo de Monterrey. Vimos la Macro Plaza, el Paseo de Santa Lucía, y el Parque de la Fundidora.
El Paseo de Santa Lucía, y el Parque de la Fundidora están unidos por un rio artificial de 2,5 km de largo, que tiene ambas riberas peatonales, pero también es navegable.
Nos subimos en un barquito turístico para que nos contaran cositas de la ciudad que de otra forma seguramente no sabríamos.
Cuando paseábamos por el rio vimos unos bares super bonitos y románticos en la orilla del río. Como México no es muy caro, aunque fuese un sitio muy dedicado a los turistas (los típicos que se intentan evitar si quieres conocer una ciudad de verdad) decidimos sentarnos por allí a cenar.
Nos sentamos en el primer sitio que tenía unas sillitas y unas mesitas, y unas velitas. Monísimo.
Super pijo, pensamos.
Pedimos dos “Españoles” (bocadillo de jamón con una aceituna en un palillo), y aprovechamos para entrar al baño.
¡Ay cuando entramos en el bar!
Una gotera enorme que mantenía mojado todo el suelo, un sitio pequeñisimo, cutrísimo, sucísimo, y el baño… peor.
Un bocadillo hecho en una plancha sucia (se notaba en el sabor), sin cubiertos, ni servilletas, ni vasos para la cerveza.
Catorce euros entre las dos, en un sitio privilegiado.
“Hemos pagado el sitio”, comentaba Pamela.
“Sí, porque por la comida no daría ni un peso…(0,08 euros)”, pensé yo
Foto de Pam y yo cenando
El martes volvimos a salir más o menos temprano, pero esta vez todos juntos. Y volvimos a ir a los Karts. El circuito de karts de Monterrey no tiene unos coches (carros) nuevecitos precisamente. Con muchos años, muchos kilómetros, y muchas leches. Motores que hacen montones de ruido, ruedas desgastadas, patinazos, trompos, petardeos, paradas de repente en mitad de la pista…
Pero es un circuito, tiene curvas, y sólo cuesta 5,7 euros los 15 minutos. Según google.(100 pesos mexicanos = 5.74111042 euros)
Pues comparado con los 20 euros que cuestan en España, nos volvemos locos. Dos rondas como mínimo, y a veces hasta cuatro. Una hora de karts que nos deja la adenalina en niveles ínfimos, y los brazos con agujetas para tres o cuatro días.
Vale, no tenemos vueltas rápidas, tiempos, todo electrónico, y la seguridad es nula. Ni primeros auxilios.
Pero tiene su encanto.





