Tomatito.
Esta mañana no tenía nada de especial hasta que mi ojo derecho se ha puesto rojo.
No un rojito piscina, rojito discoteca, rojito juega-hasta-las-cuatro-de-la-mañana-online.
Un rojo… rojo.
Tomatito, que así he llamado a partir de ese momento a mi ojo, no se ha conformado con ponerse vergonzoso, si no que encima se ha puesto a picar y a provocarme insufribles y constantes lagrimeos que apenaban a mis compañeros.
¿Para qué estaran los seguros privados en estos casos?
Busco la clínica con urgencias oftalmológicas más cercana al trabajo… y anda! La Barraquer.
Hora de llegada: 15:10.
Hora de atención: 15:12.
Hora en la que me han llamado para entrar en la consulta: 15:17.
Hora de salida: 15:45.
En medio un pequeño historial clínico: enfermedades, tratamientos, alergias, antecedentes…
Y 15 minutos en las que el oftalmólogo me ha mirado con todas las luces del mundo el ojo, me ha puesto varias goticas me ha recetado un colirio, y me ha dado otra cita “de control”.
Siete minutos de “espera” (que ha sido lo que el hombre de recepción ha tardado en coger mis datos personales y los de la mutua), y 20 de consulta.
La última vez que fui a urgencias a la Seguridad Social fueron 4 horas de espera, y 7 minutos de consulta. Y sin cita de control “tú ya te quitas la venda, y la férula…”.
Después, lo cierto es que no he podido abrir el ojo en toda la tarde, así que simplemente me he echado un siestorro increible (me encantan éstas enfermedades tan sufridas!!).
La próxima: la consulta al dentista.
Por cierto: Hiperemia conjuntival con nódulos perilimbicos. Papilas tarsales.
Diagnóstico: Conjuntivitis alérgica.
Ay! Tomatito! Cuánto te pones tontin….