XVIII
El agua salada que se derramaba
por mis mejillas y me iba dejando
surcos llenos de grietas.
Lloré tanto, que mi úlcera volvió
a abrirse y los ojos me dolían
como si tuvieran arena dentro.
dic
24
El agua salada que se derramaba
por mis mejillas y me iba dejando
surcos llenos de grietas.
Lloré tanto, que mi úlcera volvió
a abrirse y los ojos me dolían
como si tuvieran arena dentro.