Lunes.
Esta noche he tenido pesadillas. Me he despertado varias veces pensando que era lunes.
Es horrible no poder dormir la noche del domingo sólo con el temor de que al día siguiente tienes que volver al infierno trabajo.
Trabajar no esta mal. Y yo llevo haciéndolo dos años.
Pero antes de trabajar estudié, y también tenía fines de semana.
Y por pocas ganas de que llegue el lunes que tenga nunca había tenido esta sensación.
Que llegue el lunes es…
Volver al estres de “quién irá fuera esta semana?“.
De las diez horas y media metida en la oficina.
Volver a limpiarte la cara con la tierra que te echan los demás.
Nos han puesto micros, porque hay que detectar quien “crea mal ambiente”.
Nos han puesto el aparatito para fichar, para poder hacer despidos procedentes si te cuelas un cinco minutos en el desayuno, o al llegar por la mañana.
Claro, que a este ritmo no va a quedar nadie a quien espiar, controlar, incomodar, apretar, presionar, o estresar.
El lunes es un monstruo y queda cada vez menos para que me coma.