Lo que fuí.
Hace veinticuatro días que debería haber abierto una carta que me escribí cuando tenía quince años.
Llevo veinticuatro días y no me atrevo.
No puede ser tan malo.
No me suelo reprochar nada, en mis cartas.
Pero este año tengo miedo.
Miedo, porque no soy ni la sombra de lo que quise ser.