Polvos de la risa.
Cuando era pequeña, mi padre preparaba un par de tostaditas con una rodaja de pan, y sobrasada. Calentitas, como tapa, antes de comer.
Las dejaba en el tostador, y se hacía el distraido.
Entonces yo salía, de mi escondite super secreto que estaba justo detrás de una columna en la despensa, y me llevaba silenciosamente una tostadita de sobrasada rica (sin que me viera mi papi).
Entonces mi papi miraba el tostador y decía ¿Quién se habrá llevado la tostada de sobrasadaaaa?
En una exagerada pregunta retórica, pues a mi madre no le gustaba, y soy hija única.
Y yo me quedaba calladita y quietecita detrás de la columna.
Entonces le explicaba a mi madre: “Pues le había echado polvos de la risa a la tostadaaa”.
Y entonces a mí me entraba una risilla que intentaba esconder.
Jijijijiji, y desde mi super escondite secreto, no podía pararla.
Hasta que salía con la boca llena, y medio atragantándome con el pan, la sobrasada, y los polvillos de la risa.
Estuvimos jugando a eso un par de años, creo yo. Desde los cuatro, a los seis. Hasta que algún día mi madre dejó de comprar la sobrasada, o ya no tenía tanta gracia el jueguecito.
Yo pensaba que mi madre se acordaba de esa pequeña tradición, de la sobrasada, y los polvos de la risa…. Pero el otro día mientras hablábamos de que había comprado una sobrasada de Mallorca…
- Pues nos hemos hecho unas tostaditas de sobrasada, y le he echado a Jaume polvos de la risa Jijijiji.
Por el “quéeeeeeeeeeeeee??????” que soltó mi madre por teléfono… adivino que ni se acordaba de los polvos, ni de la risa, ni…