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jun

23

El despacho (Segunda Parte)

By Tutty

Después de visitar tres tiendas de papeles pintados, incluyendo Papeles Pintados Aribau donde puede que hubiera unos 1000 catálogos, nos decicimos por un color beige-blanco irregular para tres de las cuatro paredes. Para la cuarta uno de rayitas finas, marrones oscuras, y beige-papel-anterior.
El beige nos lo compramos en el acto (6 rollos). El marrón tenemos que esperar a que nos lo traigan, que es de catálogo (dos rollos). Además una pintura color hueso para el techo.

Pinté el techo, y me recorrí cuatro tiendas de iluminación buscando una lámpara.
Al final terminamos en el Ikea (para variar).
Una buena lámpara Calypso del Ikea, con tres bombillas que casi doblan la potencia que recomienda el fabricante, para empezar.

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Luz, luz, luz. Necesitamos luz, hasta cuando los días esten nublados

El lunes siguiente nos llamaron de la tienda de los papeles y nos informan de que no hay existencias de nuestro papel pintado perfecto. Volvemos a la tienda para escoger otro, y después de vernos unos 50 catálogos (otra vez) elegimos uno de rayas, marrones y beige también. Pero el beige ya no es el mismo, y el marrón es menos oscuro. Bueno, también puede quedar bien.

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Jaume se esmera.

Pegar el papel en la pared requiere por lo menos un poco de maña.
Para hacer la cola con unos polvillos, para calcular bien que lleguen hasta el suelo, para que no sobre un centímetro justo en la esquina…
Parece que esto no es muy difícil… pin… pan… pin… pan. Moja, moja, pega, pega, rodillo, rodillo. Corta, corta, moja, moja, pega, pega, rodillo, rodillo.

En un sábado hemos terminado la habitación. ¡Bien! Estamos un poco más cerca del final. Pues nada… ¡que el fin de que viene empezamos con el parqué en el suelo!

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Jaume se esmera…. más.

El lunes, cuando llegamos del trabajo y nos acercamos a nuestra habitación nueva, para contamplar la belleza y la plenitud de nuestra obra… la mitad de los papeles estaban en el suelo, y la otra mitad a medio caer. Pero… ¿esto no debería estar todavía pegado en la pared?
Pues resulta que la cantidad de polvo-agua que le habíamos puesto a la cola (según la señora de la tienda) era incorrecta.

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No hay nada como una buena idea.

El paquete indicaba que había que poner cuatro litros por sobre, pero según la señora (que parecía que sabía de lo que hablaba) eso es muy poco polvillo para tanta agua. Ponedle entre dos litros y dos litros y medio… por sobre. Lo movéis bien, y dejáis reposar media hora… o una hora.

Pues con tanto polvo… esto no hay quien lo disuelva.

Ponemos los dos litros, echamos el sobre. Y movemos. Movemos. Movemos, movemos, movemos. Y movemos. Una hora moviendo, y más grumos que un colacao tradicional con leche fría… Lo que necesitamos es… ¡una baticao!
Ni la batidora de los helados de los italianos deshacen esto, empiezo a pensar.

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Ella me bate como haciendo mayonesa.

Pero no hay que rendirse. Un palo, cuatro pinzas, y el taladro, y tachán! Los grumitos poco a poco se deshacen, y sólo faltó esperar doce horas más para tener una cola al punto.

Al final, la mejor proporción, después de mucho experimentar era: dos litros de agua para cada sobre, “batir” y esperar toda la noche. (Lo apunto para la próxima vez que decida meterme en este berenjenal)
En vez de humedecer la pared con la cola, parecía que la estábamos untando.
Lavín compae’ vieho, esto está más espeso que la morcilla.
Pero el papel se quedó pegado.
Pegado, pegado. Ahora sí que sólo un martillo hidráulico despega los papelotes de la pared.

Un mes y medio arreglando la habitación, y todavía nos quedaba poner el suelo.
-¡Venga, si esto ya está chupao! – me animaba Jaume. -Vamos a tener el despacho más bonito de todas las casas de Barcelona. Y el más baratito, porque con la mano de obra gratuita, por doscientos euros lo vamos a dejar de lujo! -
-Yo prefiero contratar a unos paletas, y un decorador… ¿eh?

Y con algunas quejas nos disponíamos a enfrentarnos a nuestro séptimo fin de semana de la reforma de nuestra vida.