Luces.
Hay días que llego a casa y me arrepiento de no haber soltado unas cuantas buenas contestaciones. A todo el mundo. Un buen corte, para que se quiten las tonterías.
Otros días, me arrepiento de todo lo contrario. De haberme dejado llevar, y no controlar lo que digo adecuadamente.
Estaba en clase tranquilamente, un poco repelente, pero lo normal… y una de las adolescentes con las que comparto clase me preguntó, mientras hacíamos ejercicios:
- ¿Tú no eres de aquí, no? –
- No, no soy catalana.
- Se te nota. En como hablas – me dice.
Pues claro. Claro que se me nota el acento. Es mío, y espero que no se vaya nunca nunca.
No sé qué me llevo a seguir con la conversación sobre este tema, del cual nunca rara vez termino contenta con el resultado.
- Pero me entiendes, ¿no? Porque a veces cuando hablo muy deprisa la gente me mira con cara de no entenderme, y tengo que repetir las frases forzando las eses.
- No intentes ocultar el acento, si no es malo – Me suelta la tía.
- Ah. Ya.- Porque no sé que contestar a esa perla…
Si no es malo… repito mentalmente.
Me giro, y miro a mi compañero de la derecha, que se había quedado tan conmocionado como yo. Subo las cejas y le muestro mi sorpresa, y me responde con encogiéndose de hombros. -Yo qué sé-
Diez minutos después, hablábamos de los estudios y de los exámenes.
Que el examen de la academia le pillaba juntos con los de la universidad, y que sólo podía estudiar el día de antes. A lo que le contesté “Yo solía estudiar sólo el día de antes…”, intentando que sonara a consuelo.
Y me dice…
-Ya, pero hay carreras, y carreras… ¿Qué estudiaste tú?
Pensé en ese momento, que la había juzgado mal, y que por lo menos estaría estudiando Aeronáutica. Aún así le contesté:
- Informática. ¿Y tú? –
- Educación primaria. – me suelta la petarda. (Con todos mis respetos, pero no creo que educación primaria esté al nivel de dificultad que caminos o aeronáutica, por poner…)
- No intentes ocultarlo… si no es malo. – Le contesté con mucho sentimiento.