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Mar

27

Energías renovadas.

By Tutty

Cocina nueva
Cocina nueva.

Hoy, por fín, he conseguido terminar de ordenar la casa. De nuevo parece un lugar habitable por personas normales y civilizadas.
Tenemos cocina nueva, y todos los utensilios, platos, vasos, tazas, cacerolas, etc… ordenados en su sitio (después de un mes de obras!).
Tenemos una terraza de nuevo practicable. He recuperado un armario. Hemos conseguido acceder de nuevo al despacho, no hay chismes en el comedor, y hemos montado lo último que nos compramos en el Ikea, después de un mes.

Todo en casa está en calma por fín. Todo sigue las normas del frengshui, y la energía fluye…

Y yo, tan relajada, y tan feliz, que he aguantado hasta ver Rocky II.

Mar

23

Kilos.

By Tutty

Cada vez que Jaume comenta que ha engordado veinte kilos desde que vive conmigo (estaba delgadíiiisimo), la gente dice “Eso es la felicidad”.
Yo omito decir, que he perdido diez.

Mar

13

Cereales y espacio

By Tutty

Frigo lleno de cereales
Ficción publicitaria ;).

Cuando empecé a verme con Jaume (va a hacer ya 4 años), recuerdo que en los desayunos, me encontraba una caja de cereales en la nevera, y que además que no era suya (porque él no comía nunca kellogs).
Un dia le pregunté que porqué guardaba los cereales ahí (en mi casa nunca se han guardado en el frigo), y me decía simplemente que eran de alguien que se los dejó ahí, y los guardaba para cuando volviera.

Yo le daba vueltas al tema (como todas las mujeres que pensamos demasiado), y me desahogaba contándoselo a un amigo. Le comentaba que quizás yo deberia también dejar una caja de cereales en el frigorífico, a ver si la guardaba.

Mi amigo pensó un rato y dijo… Seguramente la proxima chica con la que se vea verá las dos cajas de cereales y querrá dejar la suya, y así consecutivamente.. asi que llegará un momento en el que tendrá tantas cajas de cereales que no tendrá sitio para guardar la leche.

En ese mismo momento me dí cuenta de la cantidad de cajas de cereales que de una manera u otra yo misma guardaba.
Y empecé a saber distinguir cuándo merece la pena deshacerse de según que recuerdos inútiles, porque ocupan un lugar imprescindible que seguramente necesitaremos, ya sea en el frigorífico para guardar el resto de alimentos, o en nuestra cabeza, para seguir guardando otros recuerdos más agradables.

Yo no dejé ninguna caja de cereales, ni ninguna otra cosa. Y nunca supe de quién era la caja.
Y la verdad es que ahora me da un poco igual, porque Jaume decidió quedarse conmigo, y no con mis cereales, y porque yo me quedé con el frigo, la cocina, y todo lo demás.

…y si seguimos con el plan establecido nos cansaremos al ratito de empezar..

Mar

6

Consumismo.

By Tutty

Soy una consumista.
Es un principio duro, lo sé, pero empezaré admitiéndolo y todo será más fácil.
Me gusta el olor a nuevo, el tacto, el sentimiento y la emoción que evoca tener algo sin estrenar (y tuyo) entre las manos.
//por cierto, hace poco me dijeron que el olor “a nuevo” de los coches nuevos
//en realidad es un ambientador

La primera hoja de una libreta, la primera palabra escrita con un nuevo boli de escritura suave, desnudar una nueva posesión del inmaculado plástico transparente tirando de la tira roja, separar suavemente la pegatina protectora de cualquier gadget con pantalla, sacar las bolas de papel de periódico de un zapato, o agudizar el oido para disfrutar del primer crujido que hace un libro al abrirlo.

Lápices de colores sin estrenar
Lápices de colores.

Siempre he sentido este entuasiasmo, y esto es una confesión.
Los septiembres y la vuelta al cole eran furor puro, con todos mis libros y libretas nuevas, y lápices de colores perfectos, del mismo tamaño, con los surcos que sólo tienen los lápices en la punta que aún no han sido afilados… y las gomas de borrar.
Tengo una especial debilidad por las gomas sin ensuciar, sin desgastar, tan suaves, tan redondas, tan redondeadas, tan blancas…

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Ropa nuevecita en el armario

Aunque sea una consumista, lo cierto es que no todo lo que me hace ilusión es material, también soy una romántica.
Me encantan también el primer trozo de un pastel, y el primer bocado. Las 15.00 horas del viernes, porque estoy a punto de estrenar un nuevo fin de semana. Meterme en una cama bien hecha… y deleitarme mirando la ropa del armario que aún tiene la etiqueta puesta.
//vale, es posible que esto sea menos romántico

Y la verdad es que lo que peor llevo es estrenar nuevos aparatos electrónicos.
Los gadget son inevitablemente atractivos. La sensación de conseguir un nuevo capricho es adictiva. Más funciones, más posibilidades, más prestaciones, más accesorios. Es una nueva sensación de poder.

Para colmo yo sé que mi relación con estos cacharros es siempre muy parecida, sigue 100% el patrón del capricho. Los primeros días me paso las horas muertas toqueteándolo, investigando, descubriendo… no puedo parar. Pero como suele ocurrir con todo en esta vida, pronto deja de tener tanto misterio, y poco a poco la volátil llama de la ilusión se apaga, y termino haciendo un uso simple (en el caso de los móviles, llamadas, sms y alguna consulta al google). Pero es que… creo que vale la pena… sólo por las primeras sensaciones…
//me parece que este comportamiento se podría extrapolar bastante
Como ya me conozco tengo que andar con mucho cuidado, y lo hago. Procuro no mirar las nuevas adquisiciones de mis amigos.
Yo ya tengo un móvil, y además va muy bien, lo hace todo perfectamente, tiene su internet, su agps, y en realidad no echo en falta ninguna función. ¿Por qué tengo que ir fijándome en otros?

Pero… es que…hay veces que no se puede evitar.
Hay momentos en los que uno no está por la labor de negarse, como en mi caso, que últimamente la fiebre del consumismo me consume (valga la consumancia) se apodera de mí, y me da por comprar y estrenar sin parar. Ya estoy cambiando la cocina, comprando electrodomésticos, vajilla, vasos, y hasta los trapitos…! He estrenado una nueva mesa para la tv, dos cuadros, dos pares de botas, cinco camisas, cuatro camisetas, dos faldas, un traje y un par de vaqueros ¿Tú crees que esto se puede frenar tan fácilmente?

Fue entonces cuando, con toda esta debilidad consumista a flor de piel, él me dijo…
-¿Has visto mi nuevo HTC? Mira que bien va.. qué suavidad.. Toma… – y me extiende la mano con el móvil.
-“Tutty, no lo toques, no lo toques…” – Me decía mi yo-angelito, en el hombro izquierdo.
– Qué bonito… no… ya lo veo… – me negué por primera vez.
– Mujer, cógelo, si es nuevo y no tiene nada… mira los menús – insistió.
– No.. ya.. ya… si… sí… – Me negué por segunda vez mientras él mantenía el brazo estirado.
– Que sí, cógelo – y me lo puso la tentación en la mano.
Oye.. al final… es un nuevo jefe, de un nuevo trabajo (no te decía yo?), ¿qué quieres que haga?
Sí, soy así de blandita, y tuve que coger el móvil, y ya que estaba en la mano probarlo, arrastrar paneles, jugar con los menús, pellizcarlo…
– Oh!! Pues sí que va bieeen!! – Cuando ya había caido en el pecado, irremediablemente.

Si es que soy muy débil. ¿Portabilidad, o puntos?