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Mar

6

Consumismo.

By Tutty

Soy una consumista.
Es un principio duro, lo sé, pero empezaré admitiéndolo y todo será más fácil.
Me gusta el olor a nuevo, el tacto, el sentimiento y la emoción que evoca tener algo sin estrenar (y tuyo) entre las manos.
//por cierto, hace poco me dijeron que el olor “a nuevo” de los coches nuevos
//en realidad es un ambientador

La primera hoja de una libreta, la primera palabra escrita con un nuevo boli de escritura suave, desnudar una nueva posesión del inmaculado plástico transparente tirando de la tira roja, separar suavemente la pegatina protectora de cualquier gadget con pantalla, sacar las bolas de papel de periódico de un zapato, o agudizar el oido para disfrutar del primer crujido que hace un libro al abrirlo.

Lápices de colores sin estrenar
Lápices de colores.

Siempre he sentido este entuasiasmo, y esto es una confesión.
Los septiembres y la vuelta al cole eran furor puro, con todos mis libros y libretas nuevas, y lápices de colores perfectos, del mismo tamaño, con los surcos que sólo tienen los lápices en la punta que aún no han sido afilados… y las gomas de borrar.
Tengo una especial debilidad por las gomas sin ensuciar, sin desgastar, tan suaves, tan redondas, tan redondeadas, tan blancas…

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Ropa nuevecita en el armario

Aunque sea una consumista, lo cierto es que no todo lo que me hace ilusión es material, también soy una romántica.
Me encantan también el primer trozo de un pastel, y el primer bocado. Las 15.00 horas del viernes, porque estoy a punto de estrenar un nuevo fin de semana. Meterme en una cama bien hecha… y deleitarme mirando la ropa del armario que aún tiene la etiqueta puesta.
//vale, es posible que esto sea menos romántico

Y la verdad es que lo que peor llevo es estrenar nuevos aparatos electrónicos.
Los gadget son inevitablemente atractivos. La sensación de conseguir un nuevo capricho es adictiva. Más funciones, más posibilidades, más prestaciones, más accesorios. Es una nueva sensación de poder.

Para colmo yo sé que mi relación con estos cacharros es siempre muy parecida, sigue 100% el patrón del capricho. Los primeros días me paso las horas muertas toqueteándolo, investigando, descubriendo… no puedo parar. Pero como suele ocurrir con todo en esta vida, pronto deja de tener tanto misterio, y poco a poco la volátil llama de la ilusión se apaga, y termino haciendo un uso simple (en el caso de los móviles, llamadas, sms y alguna consulta al google). Pero es que… creo que vale la pena… sólo por las primeras sensaciones…
//me parece que este comportamiento se podría extrapolar bastante
Como ya me conozco tengo que andar con mucho cuidado, y lo hago. Procuro no mirar las nuevas adquisiciones de mis amigos.
Yo ya tengo un móvil, y además va muy bien, lo hace todo perfectamente, tiene su internet, su agps, y en realidad no echo en falta ninguna función. ¿Por qué tengo que ir fijándome en otros?

Pero… es que…hay veces que no se puede evitar.
Hay momentos en los que uno no está por la labor de negarse, como en mi caso, que últimamente la fiebre del consumismo me consume (valga la consumancia) se apodera de mí, y me da por comprar y estrenar sin parar. Ya estoy cambiando la cocina, comprando electrodomésticos, vajilla, vasos, y hasta los trapitos…! He estrenado una nueva mesa para la tv, dos cuadros, dos pares de botas, cinco camisas, cuatro camisetas, dos faldas, un traje y un par de vaqueros ¿Tú crees que esto se puede frenar tan fácilmente?

Fue entonces cuando, con toda esta debilidad consumista a flor de piel, él me dijo…
-¿Has visto mi nuevo HTC? Mira que bien va.. qué suavidad.. Toma… – y me extiende la mano con el móvil.
-“Tutty, no lo toques, no lo toques…” – Me decía mi yo-angelito, en el hombro izquierdo.
– Qué bonito… no… ya lo veo… – me negué por primera vez.
– Mujer, cógelo, si es nuevo y no tiene nada… mira los menús – insistió.
– No.. ya.. ya… si… sí… – Me negué por segunda vez mientras él mantenía el brazo estirado.
– Que sí, cógelo – y me lo puso la tentación en la mano.
Oye.. al final… es un nuevo jefe, de un nuevo trabajo (no te decía yo?), ¿qué quieres que haga?
Sí, soy así de blandita, y tuve que coger el móvil, y ya que estaba en la mano probarlo, arrastrar paneles, jugar con los menús, pellizcarlo…
– Oh!! Pues sí que va bieeen!! – Cuando ya había caido en el pecado, irremediablemente.

Si es que soy muy débil. ¿Portabilidad, o puntos?

3 Responses so far

¿De qué HTC estamos hablando?
Con los puntos yo creo ke voy a pillarme uno tb… el fin del mundo está cerca!!

Me siento tan reflejado… Yo era de los que decían “No necesito un smartphone, para qué??”. Y hace un par de semanas un compañero de curro comentó asi como en voz alta: “Habéis visto? Si te pasas a Vodafone con esta oferta x, te regalan un HTC o un Samsung Galaxy S”. Regalao :D

Y yo, que soy débil, pues pico… :$ Me lo traen en un par de semanas xD Ains!

Besos^^

Pues me perdonaréis, pero yo (pese a ser un consumidor como todo hijo de papá capitalismo) en esto de los móviles, Ipod, Ipad y lo que venga, no sé un rábano. Tengo uno de no sé qué generación y como no consumo (sólo para llamar a mi mujer) y no lo necesito, está hasta sin la tapa trasera (que he de sujetar la batería con fixo) y los de Movistar, venga a mandarme correitos para que consuma y me ponga al día… no soy capaz de reconocer un cacharro de estos frente a una fruta tropical!

Un cordial saludo desde Hibernia.

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