By Tutty
Sé que he repetido imagen, pero los cerditos custodios
sirven pa’ un roto y pa’ un descosío.
Me ha llegado una carta de hacienda.
Sí, hoy mismo, pero a Granada, porque yo, recordad, fiscal y legalmente, resido en Granada, porque no puedo empadronarme en Barcelona, por un vacío legal. Sí, soy ilegal. Vivo en este país, sin papeles.
A lo que iba… que me ha llegado a mi domicilio fiscal una carta de hacienda.
La ha abierto mi madre, que para eso me gestiona (perfectamente) el correo.
Y los señores de hacienda dicen que tengo que pagar 600 euros, del ejercicio del 2009 que estaba incorrecto (aunque me hicieron ellos el borrador).
¿Seiscientos euros?
De una cosa que se llaman impu… no se qué… que se vé que no me suena, porque los andaluces no los pagamos [ref 1]. [ref 2]
Tócate los cojones mariloli.
Nota: quien no le pille el tono al post, que se abstenga de comentar ;)
By Tutty
Cocina nueva.
Hoy, por fín, he conseguido terminar de ordenar la casa. De nuevo parece un lugar habitable por personas normales y civilizadas.
Tenemos cocina nueva, y todos los utensilios, platos, vasos, tazas, cacerolas, etc… ordenados en su sitio (después de un mes de obras!).
Tenemos una terraza de nuevo practicable. He recuperado un armario. Hemos conseguido acceder de nuevo al despacho, no hay chismes en el comedor, y hemos montado lo último que nos compramos en el Ikea, después de un mes.
Todo en casa está en calma por fín. Todo sigue las normas del frengshui, y la energía fluye…
Y yo, tan relajada, y tan feliz, que he aguantado hasta ver Rocky II.
By Tutty
Cada vez que Jaume comenta que ha engordado veinte kilos desde que vive conmigo (estaba delgadíiiisimo), la gente dice “Eso es la felicidad”.
Yo omito decir, que he perdido diez.
By Tutty
El martes por la noche me desperté bruscamente media hora después de haberme quedado dormida, y me pregunté… Pero…¿si no tuvieras miedo, qué harías?
Esto.
By Tutty
Hay días que llego a casa y me arrepiento de no haber soltado unas cuantas buenas contestaciones. A todo el mundo. Un buen corte, para que se quiten las tonterías.
Otros días, me arrepiento de todo lo contrario. De haberme dejado llevar, y no controlar lo que digo adecuadamente.
Estaba en clase tranquilamente, un poco repelente, pero lo normal… y una de las adolescentes con las que comparto clase me preguntó, mientras hacíamos ejercicios:
- ¿Tú no eres de aquí, no? –
- No, no soy catalana.
- Se te nota. En como hablas – me dice.
Pues claro. Claro que se me nota el acento. Es mío, y espero que no se vaya nunca nunca.
No sé qué me llevo a seguir con la conversación sobre este tema, del cual nunca rara vez termino contenta con el resultado.
- Pero me entiendes, ¿no? Porque a veces cuando hablo muy deprisa la gente me mira con cara de no entenderme, y tengo que repetir las frases forzando las eses.
- No intentes ocultar el acento, si no es malo – Me suelta la tía.
- Ah. Ya.- Porque no sé que contestar a esa perla…
Si no es malo… repito mentalmente.
Me giro, y miro a mi compañero de la derecha, que se había quedado tan conmocionado como yo. Subo las cejas y le muestro mi sorpresa, y me responde con encogiéndose de hombros. -Yo qué sé-
Diez minutos después, hablábamos de los estudios y de los exámenes.
Que el examen de la academia le pillaba juntos con los de la universidad, y que sólo podía estudiar el día de antes. A lo que le contesté “Yo solía estudiar sólo el día de antes…”, intentando que sonara a consuelo.
Y me dice…
-Ya, pero hay carreras, y carreras… ¿Qué estudiaste tú?
Pensé en ese momento, que la había juzgado mal, y que por lo menos estaría estudiando Aeronáutica. Aún así le contesté:
- Informática. ¿Y tú? –
- Educación primaria. – me suelta la petarda. (Con todos mis respetos, pero no creo que educación primaria esté al nivel de dificultad que caminos o aeronáutica, por poner…)
- No intentes ocultarlo… si no es malo. – Le contesté con mucho sentimiento.
By Tutty
Cerditos custodios
Me ha pasado una cosa muy curiosa, y todavía no termino de creérmelo. No termino de creer que todo se mueva siempre de la misma forma…
Me matriculé en septiembre en una escuela de idiomas, hice un test de nivel que no me salió del todo mal, y me dieron un grupo…
Simultáneamente, dos semanas antes me habían asignado (primero un sorteo para hacer el test de nivel y después otro) una plaza en la escuela oficial de idiomas (en la enseñanza a distancia), y pensé que me vendría bien por un lado aprobar estos exámenes, que certificaban un poco mejor, como entidad pública, mi nivel en el idioma que los de la academia privada. Pero que para ello necesitaría también asistir a clases presenciales, para soltarme un poco más en conversación.
Vale, me quedo con los dos, uno de apoyo al otro.
Cuando empecé mis clases en la academia privada, me di cuenta de que los objetivos de gramática del libro los tenía bastante superados, y que tampoco el nivel de la gente de mi clase era como el mío.
Pues, efectivamente, cuando comparo ambos libros (los de la escuela oficial, y los de la privada) la diferencia de nivel es más que notable.
Superando mi vergüenza, mi timidez, y lo soberbio que me resultaba comentar que encontraba bajo el nivel en el que estaba, (yo es que soy así) decidí hablar en secretaría a ver si podrían subirme un nivel.
Tuve que contarle el problema a un secretario, a su coordinador, al director de la escuela, y finalmente a mi profesor (y eso que con mi inglés macarrónico, no quedaba muy convincente), hasta que conseguí que finalmente me “permitieran” el cambio. Pero para entonces ya no quedaba ni una plaza en el nivel superior, y me dijeron que me quedaba en “lista de espera”.
La lista de espera de la escuela privada no avanza, y me dicen que me quede en mi nivel, que quizás haya cancelaciones el primer mes, y pueda subir… (o no), pero yo no quiero ni perder mi tiempo, ni mi dinero, yendo a unas clases a las que no le voy a sacar provecho y que no me ayudan a alcanzar mi nuevo objetivo, que es aprobar en navidad el otro curso.
Doy un poco más la lata… le vuelvo a contar la situación a la secretaria, al coordinador, al director, y al profesor… y nada, es que.. si no hay plaza, no hay plaza. Que ellos como mucho ponen 15 alumnos por clase (que ya son un montón).
Pues mira, me doy de baja.
Son palabras mágicas: Me doy de baja.
-Como estaba pendiente de que se resolviera esta situación con el nivel, pues no he pagado hasta ahora, así que me doy de baja…
-Pero pierdes los 40 euros de matrícula… que no te los devolvemos!
-Ya, pero mejor eso que perder 250 euros de trimestre…
La secretaria, que no se lo esperaría, me ha impreso el formulario de baja, y ha ido a consultarlo con su jefa, la coordinadora. Que rápidamente, vía chat le ha preguntado al director… que a la velocidad de la luz (o más) ha hecho unas gestiones… y… unos movimientos… y.. tachán!
-Hay una plaza libre…¿Te interesa?
-Pues claro que me interesa, si me estoy dando de baja por eso mismo…. (Te lo acabo de decir)
-Pues perfecto, aquí tienes tu nueva matrícula, tu nueva aula, tu nuevo libro, el nombre de tu nuevo profesor…
-Mira que bien… O__o
By Tutty
Forgot love… fall in coffee!
La primera vez (de la era moderna) que vine a Barcelona fué por trabajo, y un año y medio antes de que me trasladara definitivamente aquí. Llegué una hora antes a la oficina del cliente donde tenía que trabajar (no medía muy bien las distancias y los tiempos aún aquí, y me daba miedo llegar tarde) así que aproveché para tomarme un café en el primer bar que ví abierto.
Me senté junto a un señor que acababa de llegar, en la barra, y lo oí pedir “un café tallat”, y después yo pedí un “café con leche”. Nos pusieron el mismo café (o eso pensé yo, porque ambos venían en taza) y cuando nos cobraron, él pagó 1,10 y yo 1,25.
Hijos de…. !! ¿Me han cobrado 15 céntimos más por pedirlo en castellano?
Tres meses después, con muchas idas y venidas a la ciudad, me dí cuenta de que en Barcelona, en el café, te cobran por la leche. Incluso por la cantidad de leche, porque no es lo mismo un cortado, que un café con leche. Curiosísimo, porque en Granada yo no hubiera vuelto a ir a un sitio así….
Curioso también, porque la sensación de que me timaban acumulada… ahora que me he acostumbrado, se compensa con la sensación de que me regalan la leche cuando vuelvo a mi ciudad. Y que te regalen cosas mola. Como dijo alguien: la felicidad no está en comprarse cosas caras, más bien… está en lo gratis.
By Tutty
Nuestra Panasonic de 42″
Nuestra Panasonic Viera de 42″ nos ha dicho adios esta tarde. Sin preaviso ha decidido dejar de mostrar imágenes para teñirse de rosa (encima rosa…)
No sabemos hasta cuándo no volveremos a ver nada (lo más grave por supuesto son las películas y las series…)
Pero por lo menos, gracias, ha sido dos días después de que terminara el mundial.
Es como si hubiera dicho “Ya he emitido todo lo importante en esta vida, ya no me queda más que hacer en la vida”… y dos días más nos ha durado.
Yo no soy muy partidaria de comprar otra… más bien odio estar horas mirando la caja tonta (que cada vez tiene más de tonta, y menos de caja) y me parece una buena oportunidad para hacer otras cosas con nuestra vida…
A ver cuánto aguantamos.
By Tutty
El papel de rayas marrones.
Ahora que han pasado cuatro o cinco meses, en la distancia, es muy divertido acordarse de estas pequeñas aventuras. Pero montar una habitación en diez o doce fines de semana es un poco agotador.
Porque seremos un poco torpes, porque lo nuestro no es esto, porque nada queda bien a la primera… O mira, déjalo así, si total, va un armario y no se va a ver.
Y del trabajo a la escalera, y de la escalera al trabajo.
Se alarga, se alarga, la obra no termina.
Empecé a desesperarme cuando nos llamaron los señores de la Sexta para que viniera un cámara a casa a hacernos un reportaje para un documental de Mega-Construcciones. ;)
No, si a esto no le queda ná. (Esa frase es falsa de necesidad.)
Esto va tomando forma…
Cuando por fín tuvimos las paredes con nuestro papel pintado puesto, la lámpara, el parqué… elegir los muebles que poner fue lo que menos costó.
Lo que menos nos costó, porque no había opciones.
No sé si cuando la gente se va a vivir junta, se casa, se monta el piso… tiene mucho o tiene poco dinero. Nosotros no vivimos mal, pero tampoco podíamos gastarnos una millonada en comprar todos los muebles nuevos.
Y las opciones eran claras: tenemos dos mesas, tenemos dos cajoneras, tenemos… un armario.
¿Un armario? Los armarios nunca sobran. Bueno, a nosotros sí nos sobraban, en concreto nos sobraban dos que teníamos en la antígua casa, y no sabíamos dónde meter..
Mi mesa.
Este va a ser nuestro despacho, así que lo importante es tener una buenas mesas amplias, estanterías para los libros, cajoneras para meter el material de oficina… Tenemos que conseguir sentirnos cómodos.
Ver la habitación cómo va cogiendo forma poco a poco es también digno de sentirse orgulloso.
Pensar los pequeños detalles, ver qué funcional resultan lo que has pensado, o personalizar con alguna pizarra, con algún panel de corcho, o pegar en la pared tus próximos objetivos para no perderlos de vista… es lo que terminó de hacer que la nueva habitación que habíamos encontrado, realmente fuera tal y como queríamos. Y al final se convirtiese en la que más tiempo pasamos.
El despacho fue sólo la primera habitación que ‘reformamos‘. Después hicimos lo mismo con el pasillo, con la habitación de invitados, con el comedor, y por último habilitamos un baño para las visitas. Ahora, casi un año después desde que empezáramos, aún seguimos buscando ganas para empezar la segunda parte de la reforma.