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Abr

6

Planes.

By Tutty

Miro al cielo, y las estrellas siguen sin darme la respuesta correcta.

Oigo a mi padre, a lo lejos decir, “en un par de veranos nos vamos a ir a ver a tu primo, a Canadá, y de paso vamos a Nueva York”.

A mí me hace gracia que alguien haga planes para dentro de dos años, porque yo los hago a lo sumo para dos meses, y a veces no puedo ni mantenerlos.

El mundo cambia, y cambia demasiado. Y cuanto más mayor me hago, más me doy cuenta.

Dos años, ¿dónde estaré dentro de dos años?.

Sólo espero no estar aqui, igual, tumbada, buscando respuestas que no llegan, en las estrellas.

Sep

5

Entrada N

By Tutty

Y me rasqué, y me rasqué, y me rasqué el antebrazo con fuerza.
Con ansiedad.
Picaba intensamente.

Así que como si quisiera dejarme las uñas froté tanto que se enrojeció.

Y seguía picando.

Y unas minúsculas gotitas de sangre afloraron.

Al ver los puntitos rojos, me dí cuenta de que estaba viva.

Mar

24

Problemillas…

By Tutty

Problemas con el DNS.

Yo es que soy muy del carro del mínimo esfuerzo.

¿Pa’ qué lo voy a explicar yo, si lo hace muy bien naujito?

Por cierto, creo que es el primero post “uncategorized”.
¿alguna idea para la clasificación?

Ene

22

No todo el mundo está bien siempre.

By Tutty

La seguí­ con la mirada y la espié desde la rendija de la puerta entreabierta.
Cogió las tijeras, las abrió y empuñándolas trazó una linea recta en su muñeca izquierda. Las tijeras no tenían punta, de manualidades de niños pequeños.
Una raya de sangre se dibujó, pero tan sólo un par de gotas se deslizaron por su brazo. Entonces con la otra mano, mientras la sangre que goteaba se confundía con sus lágrimas, intentó abrir la herida, pero no era lo suficientemente profunda.
Empuñó de nuevo las tijeras e hizo otros siete cortes. Con saña, con fuerza. Violentamente.
Pero sólo uno abrió herida, entonces arrojó lo que se habí­a convertido en un arma contra su vida, y mientras hací­a fuerza con el puño izquierdo cerrado, se desmoronó sobre la mesa, y lloró durante algún tiempo.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo frágil que era.
Lo débil que éramos las dos.
Porque el hilo que en cada momento nos mantiene unidas a la vida, podría ser cortado por unas tijeras de niño.

Comprobé que aunque no nos demos cuenta, las mí­nimas tonterias son mundos suficientemente grandes como para aplastar a otros, y en su caso, su universo estaba formado por pequeñas cosas, suceptibles de ser destruidas por los demás.

Me prometí­ cuidarla, y protegerla.
En el fondo era falta de madurez, pero era ella la que debí­a decidir cuando hacerse grande, y hasta que ella quisiera supe que tendrí­a que estar a su lado, para superar los recuerdos que el tiempo hace morir, que ella querí­a conservar para siempre.

¿Será cuestión de tiempo?
Dudé.

>> Autocensurado.

Ene

3

Un post en el tintero.

By Tutty

02/01/2009

Es mucho más fácil conocer la cara de “buenas circunstancias” de la gente que la de las “malas”.
Cuando estamos bien solemos salir, amigos, tapas, fiestas… todo muy social. Pero a pocas personas las dejamos que nos contemplen rotos, en el dolor, en el silencio o en el llato.
No creo que podamos conocer bien a alguien hasta que no le vemos llorar.

Seguramente el golpe más fuerte de mi vida me lo llevé el pasado 10 de diciembre.
El cariño que le tenía a mi abuela era más que parecido al que se le tiene a una madre, pero mucho más idílico.
Horas y horas y veranos y veranos había pasado con ella.
Y las últimas sensaciones ya en Granada.
Igual que cuando yo era pequeña y ella me cuidaba, y yo la necesitaba, y le hacía caso en lo que me decía, los últimos cuatro meses los papeles se habían invertido. Ahora era ella atendía a mis recomendaciones y seguía mis consejos.
Le había llegado a dar el puré con la cuchara mientras estaba debilcita en el hospital, y la sujetaba mientras andaba (o más bien corría, porque cogía buenas velocidades puntas…) en el pasillo, porque me daba miedo que se cayera.

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En los últimos años recuerdo haber visto a mi madre llorar en la incertidumbre que nos causaba que a las 9 de la noche no nos cogiera el teléfono cuando llamábamos.
La he visto sufrir cuando tenía que bajar corriendo a Motril, ya sea porque nadie daba señales de vida por teléfono (alguna vez se dejó la llave en casa cuando fue a bajar la basura, y nos dió un buen susto) o cuando nos llamaba una vecina porque se había caido.
Sin embargo encontré a mi madre bastante bien, y aunque esperé varios días “el bajón”, ese bajón sólo me dió a mí. Ella estaba muy tranquila. Sabía que lo había hecho bien, que le había dedicado todo su tiempo, y es que en los últimos cuatro meses se había dedicado completamente a ella.

Recuerdo los primeros minutos después de la noticia. Iba en el coche camino del tanatorio y sólo pensaba en tonterías, sin darme mucha cuenta de lo que pasaba.

Pensé en la película que le había comprado años atrás porque la había visto reeditada en DVD y sabía que le gustaba, y no la había terminado de ver.

Pensé en que aunque estaba muy dispuesta nunca la había llegado a subir en mi coche nuevo. No se presentó la ocasión.

Llevaba semanas buscando el momento de hacerle una buena foto, y no se la había hecho.

Me acordé cuando me fui a México sin decírselo, porque mi madre le dió largas una semana, y luego le dijo que yo estaba en Madrid. Hablé con ella por teléfono y me regañó por no haberme despedido.

Aunque la última vez que la ví (hacía dos semanas… maldito avión que no cogí!!) sí que me despedí. Le dí un montón de besos y un abrazo, y le dije que iría la semana siguiente (mierda!).

Ahora debería regañarle yo, porque ha sido ella quien se ha ido sin despedirse… !!

Cuando llegué al tanatorio la gente empezó a decirme cosas de “consuelo”. Yo sé que la gente lo hace con buena intención, pero no me consolaba nada.
No me ayudaba mucho que la gente dijera “ahora tienes alguien más a quien pedirle cosas” (creo que es más fácil que me las concediera antes que ahora, sinceramente). O todas esas frases de “ahora está en una vida mejor”. No, no.
Estaba mucho mejor con la sensación de que no había sufrido (se quedó dormida mientras comía jamón), o sabiendo que ella sabía cuánto la quería yo, y teniendo la certeza de que el afecto era mutuo.

Yo no creo en el alma… bueno… creo que no creo. Y también creo que cada vez soy más incrédula.
Creo en cosas, pero no en el alma, no en la vida después de lamuerto, no en Dios, no en los fantasmas, no en el destino. No creo en los viajes en el tiempo.

Así que no creo en eso de “mirar al cielo y hablarle”. Queda muy poético hablar a las abuelas muertas, pero a mí me gustaba hablarle más antes, que me respondía.

Aún así, sí que le hablo.
No como hablarle a un alma perdida en el universo infinito, es más bien hablar en voz alta.
Sólo que hablar con uno mismo no esta socialmente muy aceptado, pero yo es que necesito hablar con alguien inteligente de vez en cuando…

May

8

Entrada 348

By Tutty

Lunes 8 Mayo 2006 a las 9:14 pm

Quizás el problema
tan sólo
unicamente
solamente
simplemente
sea que
no sirvo para no ser yo
se me da mal no ser yo
no puedo no ser otra que yo
o no necesito
o no quiero no ser otra yo
o no soy sin más
soy
yo misma.

Abr

25

Imagina, o cree.

By Tutty

Martes 25 Abril 2006

Últimamente tengo una crisis de fé y no creo en nada.

No creo en las personas, no creo en las religiones (menos si cabe), no creo en seres supremos, y no creo en una segunda parte del humano que se pueda diferneciar del cuerpo: de lo estrictamente físico.

No le encuentro ningún sentido a nada.

Supongo que… porque me he dado cuenta que llevaba toda la vida esperando crecer para encontrar ese sentido, y ahora que me he dado cuenta de que he crecido no lo he encontrado.

Cuando era más pequeña me consolaba que existieran sucesos paranormales, porque si ocurre algo que no es “de este mundo” es obvio que es porque existe otro mundo.
Y ahora no dejo de pensar que todo eso lo inventa nuestro cerebro para justificar nuestra vana existencia, y consolarnos con la permanencia de un alma más alla de la muerte.

Porque la vida, que yo imaginaba como una gruesa cuerda que era dificil de romper, ahora es un fino hilo que se desgarra en el momento que menos lo esperes.
Y no va a haber nadie que pueda evitarlo.
(Ni siquiera mis padres, que parecía que podían hacerlo todo).
Y ni siquiera ellos tienen respuestas.

Ni mis amigos, ni mis conocidos, ni mis familiares.

Ahora no dejo de pensar… puedes imaginar cuál es la sensación que… debe tener alguien, que después de treinta años compartiendo su vida con otra persona (todo lo que supone el amplio concepto de vida: las ilusiones, las desilusiones, los hijos, su educación, los proyectos que se empezaron, los que se acabaron, los interminados, y los que se aplazaron…) que se despierta en mitad de la noche en una cama de matrimonio, sin matrimonio, vacía, sola, sabiendo que ya no se va a volver a llenar…

Uy. Lo siento.
Sólo… estoy asimilando…